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Con respuesta: ¿Sirven las aplicaciones para móviles (realmente...) para perder peso?

Actualizado: Mié, 11/09/2013 - 21:51

Apps para adelgazar
Hoy proliferan todo tipo de aplicaciones: desde para saber si un melón está maduro, hasta para traducir el llanto del bebé y saber qué quiere en cada momento
Hay aplicaciones a patadas para saber qué hay que comer para estar como un sílfide: el único problemilla es que no funcionan
Las aplicaciones para móviles para adelgazar juran y perjuran que no hay nada tan fácil como adelgazar sin esfuerzo
No hay estudios rigurosos que demuestren que funcionan
Por lo que se sabe hasta la fecha, el uso que realizan los usuarios de estas aplicaciones suele ser irregular y de corta duración, cuando perder peso con garantías implica casi siempre un cambio en el estilo de vida duradero

Si no sabes qué es una APP es que no eres de este planeta (bienvenido, aunque yo no me quedaría mucho tiempo…) o vives en un universo paralelo (en los mundos de yupi, por ejemplo). Si es tu caso y por casualidad entiendes mi idioma, debes saber que el palabro (que, por suerte, no recoge la RAE) es la abreviatura de “application” y que la Wikipedia lo define, además de en español, en nada menos que en 36 idiomas más. Recuerdo que con las primeras APPs  me quedaba boquiabierto. ¡¡Una APP que te detalla qué destino lleva el avión que acaba de pasar con solo enfocar hacia él!! ¡¡Una APP que detecta si detrás de tu pared pasa un enchufe!! ¡¡Una para saber si un melón está maduro!! En realidad hoy también me quedo boquiabierto, pero porque estoy bostezando. Si alguien me jura que hay una APP para regresar al futuro, me lo creería a pies juntillas. Bueno, quizá exagero un poco. Hay tantas APPs que hay quien dice que existe una para deshabituarte del uso de las APPs (¡oxímoron!). 

¿Por dónde iba? Ah, sí, quería hablar de las APPs para perder peso... No revisaré las APPs que nos proponen pautas para hacer ejercicio físico o para motivarnos a hacerlo o las que nos detallan una serie de rutinas deportivas, porque no es mi especialidad, ni me considero capacitado. Eso sí, estaría encantado de saber qué opina al respecto la Federación Española de Medicina del Deporte (FEMEDE). En cuanto a las que nos dictaminan lo que tenemos que comer para estar como sífilis, perdón, como sílfides, pues las hay a patadas. Casi todas se publicitan con tres palabras que empiezan por “ef”: eficaces, efectivas y eficientes (que, por cierto, no son sinónimas, como luego veremos). A mí dichas promesas me parecen ef-ímeras imposturas, pero bueno. Así, a simple vista, casi todas utilizan los mismitos reclamos que las dietas milagro, a saber:

  1. Se basan en el “hágalo usted mismo”. Es decir, proponen curar o tratar una enfermedad (en este caso, la obesidad) mediante una herramienta “autoadministrada” y sin la participación de profesionales sanitarios (¡Eureka!). ¿Te imaginas a alguien arreglando el motor de arranque de un tren de pasajeros haciendo servir un método no revisado por ingenieros y demás especialistas en la materia?).
  2. Proclaman que las utiliza una “jartá” de gente: “gracias a nuestra APP, millones de personas están estilizadas cual gacelas, entre ellas (pon aquí el nombre de un personaje popular, nunca por su contribución a la ciencia de la nutrición, claro…). Recomendamos leer el anterior párrafo con la voz de un “guiri” que hubiera aprendido hace poco a hablar en español.
  3. Juran y perjuran (a veces en arameo, puesto que son muy técnicas…y no siempre se las entiende…) que no nos costará esfuerzo alguno, con palabras como “sencillo” “facilísimo”, “cómodo”, “práctico”, “chupao”, “tirao”, “mamao”  y un kilométrico etcétera (menudo diccionario de sinónimos que se gastan los marketinianos).
  4. Cuelan sin ningún miramiento la palabra “rápido”. ¡Qué bonito sería perder 20 kilos ganados en 10 años en cuestión de 3 semanas!. Pero el mundo no solo no funciona así, amiga y amigo, sino que perder peso en poco tiempo predispone a padecer enfermedades nada glamourosas, entre ellas la obesidad (y aquí no hay oxímoron que valga, véase “Tres razones para huir del efecto yoyó” ).
  5. Garantizan resultados (¡ay, esa letra pequeña!).
  6. Hablan de entelequias como el “peso ideal”. ¡Ay Dios! (“Oh my God” si la aplicación es anglosajona…) 

Leamos ahora un breve texto del Dr. Pablo Lázaro publicado en la Revista Española de Cardiología. Su artículo se centra en los “stents recubiertos de fármacos”, pero la magistral introducción que precede a su análisis nos viene como anillo al dedo:

“Los resultados de una intervención en el campo de la salud se pueden medir en términos de eficacia (en condiciones experimentales, ideales), efectividad (en condiciones reales, habituales), utilidad (tiempo de supervivencia ajustado por calidad de vida) y beneficio (resultados expresados en unidades monetarias). La mejor evidencia científica sobre los resultados de intervenciones terapéuticas la aportan los ensayos clínicos de diseño aleatorio realizados sin defectos metodológicos. Es decir, los ensayos clínicos informan sobre la eficacia de las intervenciones […]”.

Interrumpo tan sabias palabras para hacerme a mí mismo una pregunta: ¿hay ensayos clínicos de diseño aleatorio realizados sin defectos metodológicos en relación a las APPs para adelgazar? Pues,  tal y como revela una investigación publicada por Hedben y algunos colaboradores en la revista JMIR Research Protocols, la respuesta es no. Esta es una limitación importante: en salud pública, primero hay que demostrar que algo “funciona” (sobre todo para el “público diana” al que se dirige) y que no genera efectos adversos antes de implementarlo. Ahora imaginemos que sí, que hay estudios rigurosos que demuestran que “funcionan”, es decir, que son eficaces (insisto: no es el caso). Sería el momento de retomar las palabras del Dr. Pablo Lázaro: 

“La eficacia es una condición necesaria, pero no suficiente, para que se produzca la efectividad. La efectividad depende de la eficacia y de los factores locales, que son diferentes de los del ensayo clínico (tecnología, experiencia, organización, etc.). Como la eficiencia es la relación entre los resultados y los costes en que se incurre para conseguir los resultados, los análisis de eficiencia clásicos son los análisis de coste/eficacia, coste/efectividad, coste/utilidad y coste/beneficio1. Cuando aparece una nueva tecnología en medicina, las preguntas clave se centran en conocer cómo son los resultados y los costes con respecto a las tecnologías existentes”.

En suma, las APPs diseñadas para cambiar nuestros hábitos de alimentación y hacernos perder peso, no solo deberían demostrar que funcionan, sino que:

  1. Son mejor que las herramientas ya disponibles. En nuestro caso, dichas “herramientas” son el consejo de verdaderos profesionales sanitarios (de carne y hueso, se entiende), que estas APPs parecen ignorar.
  2. No generan efectos adversos. ¿Es eso posible? Desde luego, ya que la mayoría de ellas han sido pensadas, creadas y revisadas por personal no experto en nutrición humana y dietética o en el control del peso corporal. A modo de ejemplo, un análisis de Eroski Consumer evaluó el “plan calórico” propuesto por 12 APPs y el resultado fue que “cada app dice una cosa”. Pues empezamos bien...
  3. No desorientan al usuario y le permiten adquirir unos buenos hábitos de alimentación. El estudio de JMIR Research Protocols, antes citado, señala que el uso que realizan los usuarios de estas aplicaciones tiende a ser irregular y de corta duración. Los cambios de comportamiento, como es el caso de los hábitos alimentarios, requieren un compromiso a largo plazo.

Comprométete con tu salud, es decir, acude al médico y al dietista-nutricionista si padeces exceso de peso. Por lo demás, te sugiero que uses tu móvil para hablar con los amigos mientras subes y bajas escaleras: mano de santo.

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