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Entrevista Mitológica: José Miguel Mulet, autor de “Los productos naturales ¡vaya timo!” (2ª parte).

Actualizado: Mié, 25/09/2013 - 12:57

El maíz que consumimos no es transgénico. El maíz transgénico se utiliza para alimentar a los animales, incluso en Francia, donde está prohibido sembrarlo
La zanahoria al principio era negra. La actual zanahoria naranja es resultado de diversos cruces realizados en 1720 en honor de la Casa Orange
El trigo, por ejemplo, surge por la hibridación de tres especies diferentes. De hecho a estos organismos se les llama técnicamente “paleotransgénicos
¿Que dónde está el límite a la hora de forzar la fisiología de animales y plantas? La evolución, muchas veces, no es más que encontrar dónde está el límite
Expresar en un tomate genes de peces de agua fría sirve para protegerlos de las heladas
La medicina alternativa no es medicina, sino otra cosa: una superstición, una afición…pero no una ciencia que se dedique a curar tu salud
En la alimentación lo que hay, sobre todo, es mucho miedo

Si lo que opina este profesor de la Universidad de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de las Plantas acerca de los productos ecológicos levanta ampollas, su postura acerca de los alimentos transgénicos es posible que provoque algún sarpullido…
(Este texto es una continuación de lo publicado aquí)

De entrada, Mulet interpreta que aceptar que hay unos alimentos “naturales” condena al resto a la categoría de “mutantes”… He aquí cómo lo explica él: “(…) La producción ecológica es una especie de renuncia a la tecnología. Es una cosa muy mística que no se hace en otros aspectos de la vida: nadie renuncia a un teléfono móvil o a internet pero si se renuncia a que la alimentación sea sin tecnología. Pero la alimentación es tecnología. Toda especie cultivada es artificial porque es resultado de milenios de selección artificial. Cuando no se usan abonos o fertilizantes, la producción cae en picado y entonces se necesita más terreno cultivado para compensar esa pérdida de producción. ¿Y de dónde se saca ese terreno? Pues del bosque, de la selva o donde haga falta. Por tanto, ¿cuál es el beneficio para el medio ambiente? Yo, desde luego, no lo veo por ninguna parte”, declaró en la entrevista que concedió a “La Vanguardia”.

En relación a los transgénicos, José Miguel Mulet esgrime que hace 15 años que salieron al mercado y que todavía no ha habido ningún problema de salud ni del medio ambiente. Sin embargo, también es verdad que una vocecita interior sigue llevando a desconfiar de estos productos a la mayoría de los consumidores (cada vez que se ha preguntado a los ciudadanos de un país si consumen o consumirían productos transgénicos el “no” ha sido mayoritario…).

Así que, en todo caso, si algo se le puede reprochar a Mulet y a investigadores como él (y es una opinión muy personal…) es que contrarreste con argumentos científicos el legítimo sueño de un mundo diferente en el que la tecnología, la “productividad” y la rentabilidad no impongan su ley y estén por encima de todas las cosas (aunque, claro, Mulet siempre podría replicar tarareando la letra de aquella canción de Sergio Dalma: “lo siento mucho la vida es así, no la he inventado yo”, si bien a él quienes de verdad le gustaban cuando era más joven, y no es broma, eran los “Hombres G”...)

Y ahora ya sí, la segunda parte de la entrevista… 

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Hablemos de los transgénicos. ¿Todo el maíz que consumimos es transgénico?
No. El maíz que estamos consumiendo no es transgénico. Por eso es más caro, todo sea dicho… Cuando es transgénico, la ley obliga a que vaya etiquetado y que detalle que contiene maíz OGM. Como muchos productores consideran que esto genera un rechazo en el consumidor pues no se utiliza. No obstante, España es el principal productor europeo de maíz transgénico, aunque aquí se utiliza para alimentar a los animales, para piensos fundamentalmente. También sucede que países en los que está prohibido sembrar maíz transgénico, como pasa en Francia, dan de comer a sus animales pienso transgénico producido en España.

Realmente, desde un punto de vista medioambiental se ha valorado suficientemente el impacto de los cultivos transgénicos? ¿Existe la posibilidad de que este tipo de cultivos se conviertan en una especie de “mejillón cebra” invasor a escala planetaria?
Piensa que los alimentos transgénicos son los más evaluados de la historia de la humanidad. Entre las muchísimas cosas que se miran está el impacto ambiental. Uno de los motivos por los que puede no autorizarse un cultivo transgénico es que haya en la zona especies silvestres que puedan hibridar. La paradoja es que en cultivos no transgénicos se siembra alegremente, lo que causa un montón de problemas ambientales que a nadie parece que le preocupan. Te pongo un ejemplo: la empresa “Semillas Fitó” sacó este año una variedad de césped para campos de golf resistente a glifosato, exactamente idéntica al maíz transgénico que se siembra en Estados Unidos. Esos cultivos no están autorizados en Europa por ser transgénicos; en cambio aquí tienes una hierba que se utiliza para los campos de golf que tiene exactamente las mismas características, pero que no se ha utilizado tecnología transgénica para producirla, sino que ha sido por hibridación, y que se siembra alegremente. Con un problema añadido: ese tipo de césped sí puede hibridar en especies silvestres. ¡Pero a nadie le importa! ¡Y se siguen vendiendo las semillas libremente, sin ningún control!

Mucha gente interpreta que los transgénicos se inventaron hace unos cuantos años, pocos, cuando los seres humanos llevan decenas de siglos propiciando todo tipo de cruces e hibridaciones. Por ejemplo, la zanahoria al principio no era naranja sino negra. De hecho, se especula que fue creada, después de varios cruces, alrededor de 1720 en honor la Casa de Orange para celebrar el éxito de la revuelta de los holandeses contra el dominio español.
Exactamente… También los tomates al principio eran amarillos. Por eso en Italia se les denomina “pomodoro” (manzana de oro)…

Así las cosas, ¿a partir de qué momento histórico se podría decir que aparecen los transgénicos?
Si consideras que un transgénico tiene genes de organismos diferentes por la acción humana, pues desde el inicio de la agricultura, hace 10.000 años. El trigo, por ejemplo, surge por la hibridación de tres especies diferentes. De hecho a estos organismos se les llama técnicamente “paleotransgénicos”.

Lo que está claro es que llevamos siglos forzando la fisiología de los animales y de las plantas. En 1950, por ejemplo, las gallinas ponederas ponían de media 70 huevos por año, hasta que se inició un proceso de mejora genética mediante cruces sexuales y mutaciones espontáneas, que culminó, en 1980, con 130 huevos al año. En la actualidad, esas mismas gallinas ponen 300 huevos, algunos de ellos, por cierto, ecológicos… ¿Dónde está el límite? ¿Hasta cuándo vamos a seguir forzando la fisiología de animales y plantas? ¿Puede ser que al final de todo este proceso en lugar de gallinas hayan aves “frankensteins” que pongan huevos sin parar?¿Tú crees que las hormigas se plantean este tema cuando domestican a los pulgones y los seleccionan para que produzcan la mejor ambrosía y luego chuparla? ¿O que estas mismas hormigas se lo plantean cuando domestican hongos para la trampa que utilizan para cazar?

No, no creo que se lo planteen, pero, para bien o para mal, tampoco somos hormigas…
Dentro la naturaleza hay procesos de simbiosis o de cría. Se sabe por ejemplo que hay animales que practican cosas parecidas a la mejora artificial. Hace ya un tiempo escribí un artículo sobre este mismo tema: la agricultura no humana.

Permíteme que te repita la pregunta: ¿hay un límite?
Yo creo que el límite lo pone la naturaleza y no tenemos porque imponerlo nosotros.  La evolución muchas veces no es más que encontrar dónde está el límite… Porque resulta que el pool genético (Mulet se refiere al conjunto de rasgos genéticos) de esa especie que permite a una gallina ir mejorando su capacidad para poner huevos, pues, en el fondo, no es más que una gallina que genéticamente está mejorada. Además, actualmente cada vez los animales están más protegidos, hasta el punto que, con la ley en la mano, los animales que viajan en el camión están más protegidos que el propio camionero.

¿Consideras ético expresar en un tomate genes de peces de agua fría para que madure más despacio?
Más que para que madure más despacio, creo que es para que el tomate esté protegido del frío. Los primeros transgénicos que salieron al mercado eran tomates modificados a los que se les había inhibido una enzima que degrada la pectina y, por lo tanto, tardaban más en ponerse pochos. Esto que comentas de los genes con las proteínas del pescado creo que era para evitar los daños de las heladas, pero tendría que mirarlo.

Dejémoslo ahí…
En cuanto a los aspectos éticos, si tú consigues que el tomate, digamos, dure más tiempo en las estanterías o sea más resistente a las heladas, menos comida tirarás a la basura. Por si fuera poco, también favorecerá que el tomate sea más barato, porque, claro, si el tomate tiene una vida muy corta y en el supermercado los tienen que tirar porque se pudren, esto acaba repercutiendo en el precio del tomate. Si tú, en cambio, consigues que el precio baje, conseguirás que más cantidad de gente pueda comer tomate, con lo que estarás ayudando como científico a paliar el hambre en el mundo.

Recientemente, la doctora Marion Nestle ha escrito una editorial en la revista “Nature Biotechnology” donde ha razonado porque el gran público desconfía de los organismos modificados genéticamente. Te he preparado una traducción libre de lo que ha escrito Marion para que me des tu opinión. Dice ella:
(…) “Los consumidores están preocupados por lo cercanas […] que son las relaciones entre los reguladores y las empresas. Están preocupados porque los datos en relación a la seguridad de los alimentos [modificados genéticamente] son difíciles de obtener de las agencias reguladoras. La puerta giratoria entre la agroindustria y los organismos reguladores y los montos gastados en cabildeo político también hacen levantar banderas rojas. Incluso los académicos han perdido la estima del público, sobre todo si hay un tufillo de una asociación de empresa o industria que aporta financiación para la investigación.

Por supuesto, las dudas del público sobre los alimentos genéticamente modificados van más allá de los riesgos para la salud. El control corporativo de los alimentos, la privación de derechos de los pequeños agricultores, los posibles efectos adversos de las variedades modificadas genéticamente en la flora y fauna autóctonas, y la "contaminación" de los cultivos crecidos en granjas no-transgénicas u orgánicas, confluyen para generar percepciones negativas. Y para bien o para mal, los alimentos genéticamente modificados están inextricablemente ligados, dentro de la conciencia pública, con Monsanto, que ha sido comparado con las grandes tabacaleras por su avaricia corporativa”.

¡Uff! ¡Cuántas tonterías en tanto poco tiempo! Esto no es más que un compendio de tópicos muy manidos y, en general, muy falsos. Para empezar, la mayoría de las cosas que se achacan a los transgénicos son perfectamente extrapolables a cualquier tipo de alimento no transgénico: las relaciones entre los reguladores y las empresas, la influencia de las grandes corporaciones, etcétera, etcétera. Más cosas: decir que el proceso no es trasparente, pues bueno… Yo le recomendaría a esta persona que se fuera a la página de la Unión Europea o incluso a una página que no es oficial en la que se recopila toda la información y toda la legislación sobre la evaluación de transgénicos y que me contestara a ver qué es lo que no encuentra… En cuanto a los peligros que achaca a los transgénicos, pues le diría que me dijera un solo ejemplo, pues llevamos 18 años con transgénicos en el campo. Me gustaría que esta persona me dijera cuándo ha pasado una contaminación, cuándo ha pasado una intoxicación, cuándo ha pasado cualquier cosa… Ojalá toda la agricultura fuera tan segura como los transgénicos y no digamos ya la agricultura ecológica. No hace falta ahora recordar el caso que tuvimos en Alemania debido a los brotes de fenogreco ecológicos (Mulet hace alusión a un brote de la bacteria E. Coli detectado en Francia y Alemania, que causó 50 muertos y más de 3.000 personas infectadas). No quiero acabar sin referirme a algo que dice Marion Nestle sobre los pequeños agricultores. Los pequeños agricultores, tanto en los países en vías en desarrollo como en España, son los que mayoritariamente están optando por los cultivos transgénicos por un motivo muy sencillo: porque les sale a cuenta. Si eres un latifundista, con cualquier cosa que siembres vas a ganar dinero. Pero si eres un pequeño propietario, entonces tienes que ajustar los costes al máximo, así que si estas personas se decantan por semillas transgénicas, que son más caras, es porque estas semillas les salen más rentables, al ser más eficientes.

El profesor Edzard Ernst, otro científico con una reputación incuestionable, suele recibir duros comentarios, que cuestionan su integridad moral, debido a las opiniones que vierte sobre la medicina alternativa. En una reciente reflexión, explicó que, pese a que está en contra de la mala praxis en el terreno de la farmacología tradicional, no debemos olvidar que esta salva millones de vidas, cosa que no puede decirse de la medicina alternativa (que no solo no está demostrado que salve vidas sino que, encima, tiene efectos adversos…), sin olvidar que la medicina alternativa también es un negocio multimillonario…(http://edzardernst.com/2013/09/more-good-than-harm-i-herewith-challenge-my-critics/). Al leer los comentarios que hacen muchos de los lectores de tu blog “Los productos naturales, ¡vaya timo!”, no he podido dejar de ver cierta similitud con lo que le sucede a Ernst. ¿Te identificas con sus palabras?
Sí, claro. La medicina no necesita etiquetas ni añadidos, porque la medicina es una. Si te dicen que es “medicina alternativa” hay que preguntarse: ¿alternativa de qué?. Es decir, la medicina alternativa no es medicina, sino otra cosa: una superstición, una afición, pero no una ciencia que se dedique a curar tu salud.

Al menos, por lo que veo, tú te lo tomas con mucho sentido del humor…. Tengo aquí un capítulo de tu libro que me ha hecho reír en el que elaboras una guía con siete pasos sobre “como forrarse en el fabuloso mundo de las seudomedicinas”. Leo textualmente: “Invéntate una terapia, por ejemplo “folkloreterapia”; pondrás en tus folletos: “Tu cuerpo te habla, solo tienes que escucharle y darle lo que pide”, de modo que podrás recomendar un “chotis” para compradores compulsivos o un “chotis” para el mal olor corporal…
Bueno, te ha hecho reír, pero es una risa amarga, porque, aunque parece un cachondeo, es mucho más real de lo que parece.

Ya para acabar: ¿qué te gustaría decir sin necesidad de ninguna pregunta?
Bueno, pues que en la alimentación lo que hay, sobre todo, es mucho miedo. Cuando entramos en el supermercado vamos pensando que si esto es bueno, que si esto es malo, que si esto es tal, que si esto lleva pesticidas… La realidad es que vivimos en un país desarrollado donde la mayoría de la gente, por suerte, puede comer todos los días. Luego, además, la comida en Europa es muy segura, así que de lo que se trata es de no pasarse con los hidratos de carbono, con las grasas saturadas o con lo que sea, pero es bastante tonto preocuparse de los aditivos, de los conservantes o de los transgénicos cuando todo lo que está autorizado es porque es seguro para la salud, ya que si no estaría prohibido.

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(La primera parte de esta entrevista fue publicada aquí)

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