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Comer y callar

Actualizado: Mié, 26/02/2014 - 10:09

Si hasta hace poco comer a oscuras era casi lo más “in”, ahora ha aparecido un nuevo concepto de restauración que da un paso un poco más allá y propone comer sin pronunciar palabra. Los artífices de la nueva “ley del silencio” son los cocineros Nicholas Nauman y Eva Schmidt que han abierto en Brooklyn un restaurante ecológico y vegetariano que apuesta por oficiar “misas gastronómicas” de inspiración budista. Se trata de Eat Greenpoint, un local neoyorkino surgido a raíz de que Nauman conviviera con monjes budistas en la India y se percatara que estos solían desayunar sin intercambiar palabra.

Y es que según este empresario de 28 años, el silencio da a los clientes la oportunidad de disfrutar mejor de los alimentos, por lo que mientras degustan su menú cerrado de cuatro platos –a razón de 45 dólares, es decir, 33 euros, más propina, según informa EFE– está terminantemente prohibido hablar. A partir de aquí, la “experiencia gastronómica silenciosa” ha merecido todo tipo de comentarios, tanto a favor como en contra. Por ejemplo, Tanya Steel, editora de la web de gastronomía “Epicurious.com” ha declarado con evidente sentido del humor: “como madre es una fantasía (el silencio), pero como alguien que paga por salir a comer fuera me sentiría como en una película muda. Sería muy difícil”.

No obstante, según informaba Rosa Rivas “El País”, “tras el consiguiente revuelo mediático, el local registró llenos, con los comensales hambrientos de experiencias obligados a reservar con un montón de días de antelación. El éxito de la experiencia les ha hecho a los gestores de Eat mantener su propuesta silenciosa, incluso han añadido elementos extra culinarios, como una sesión de yoga”. En el citado artículo también se reseñaba que está nueva moda para urbanitas no parece haber recibido la bendición de los especialistas. “Estos –escribía Rosa Rivas en “El País”– no piensan que sus sencillos paltos con profusión de vegetales estén a la altura de los paladares más exigentes. El crítico Steve Cuozzo le dio un cero en su reseña para The New York Post”. De hecho, Cuozzo pidió opinión al chef neoyorquino Eric Rippert, poseedor de tres estrellas Michelin en su restaurante “Le Bernardin” y budista practicante, y su respuesta fue demoledora: “si quiero comer en silencio me voy a casa o a un monasterio”.

Por lo demás, la experiencia de estos dos cocineros veinteañeros recuerda una frase muy habitual de tantas madres: “come y calla”. Aunque sobre gustos no hay nada escrito y, en este sentido, comer sin decir ni mu puede ser algún día interesante para saborear mejor la comida, en general, pagar por ello cabe interpretarlo como una nueva moda.

En relación a este tema, la cadena “Dans le noir”, que cuenta desde 2009 con un restaurante en Barcelona (además de otros en París, Londres y Moscú), explota un nicho de mercado un tanto parecido: cenas a ciegas  servidas por invidentes. Al parecer, según informó “El Mundo”, todo empezó con Didier Rocher, un francés invidente al que se le ocurrió crear un restaurante donde personas videntes e invidentes pudieran sentarse a comer tranquilamente y compartir sus vidas, por lo que tenía que ser un lugar a oscuras.

Aquí la filosofía, de nuevo, vuelve a ser la misma: potenciar todos los sentidos, excepto la vista. Según detalla la página web de “Dans le noir”, se trata de “un intercambio de confianza que te aproximará a la discapacidad desde la tolerancia y el crecimiento personal”. Según la misma, 130.000 comensales conocen ya en todo el mundo a “Dans le noir”, cuyo menú a la carta cuesta 34 euros –sin bebidas– y 59 euros el menú degustación. Por cierto, según “Dans le noir”, pese a que mucha gente presume de entender de vinos, cuando se catan a ciegas el 90% de los comensales se equivocan a la hora de identificar el vino tinto, el blanco y el rosado.

Desde un punto de vista estrictamente nutricional, comer sin hablar o a oscuras no tienen ningún impacto en la salud, a diferencia de hacerlo delante de una pantalla (sea la del ordenador, televisión, móvil, etc.) pues lleva a comer en mayor cantidad y alimentos de peor calidad, según coinciden en señalar diferentes estudios.

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