De botellón por el Medievo: ¿bebían alcohol en aquella época los niños?

Actualizado: Lun, 09/03/2015 - 10:12

@carfrancogar

Hace algún tiempo me aficioné a una serie de estas que hoy son tan populares que desarrolla su trama sin recurrir en demasía al sexo o a la violencia. Para quien no la conozca, "Vikings" –Vikingos en castellano–, es una exitosa serie americana producida por “Canal Historia”. Pues bien, en el cuarto capítulo de la primera temporada, el señor vikingo protagonista ha dejado a cargo de su casa a un esclavo inglés, un sacerdote nada menos, al que en un mal día se le cruza un puñado de hombres provenientes del norte sin muchas ganas de diplomacia. El pobre sacerdote tiene que lidiar con los dos hijos de su amo, la pequeña Gyda y su hermano mayor, apenas un pre-adolescente, Bjorn, y uno de los incidentes que le sucede tiene como escena, cómo no, la hora de la comida:

El sacerdote, tras bendecir la mesa, se sirve a sí mismo y al hijo mayor un vaso de cerveza, sin ofrecer ni tan siquiera un triste chato a la hermana menor.

GYDA: ¿Puedo beber un poco de cerveza?

SVCAM[1]: Tú eres muy joven, Gyda, para beber cerveza.

El jovencito, desafiante, decide que ha tenido ya suficiente de costumbres extranjeras al bendecir la mesa y sirve cerveza a su hermana. Con la dificultad añadida que supone no apartar la vista del monje, transmite así un claro mensaje: “esta es mi casa, rarito, y aquí de toda la vida bebemos alcohol”.

Tras escuchar este breve diálogo, me levanté y fui a buscar mi humilde gorrito de papel, que tiene grabado en su parte delantera las palabras “La Verdad”. Hubiera sido mucho más cinematográfico romper un cristal de emergencia y enarbolar “el Estandarte de la Verdad”, pero eso requeriría un presupuesto enorme, y además me incapacitaría una mano, –quizá dos, dependiendo de los detalles en oro y plata del estandarte– que necesitaría para comenzar a “googlear” como un loco publicaciones acerca del consumo de alcohol en menores. ¿Acaso quería la pequeña Gyda adelantar en alrededor de mil años la invención del fenómeno del botellón? Quizá con este gesto reivindicaba ya su supuesto derecho como menor a beber alcohol al margen de la ley –es decir, su padre–. Quizá sencillamente los vikingos, bárbaros a ojos de los ingleses, tenían por costumbre, a diferencia de estos, dar alcohol a su prole.

Yo lo único que pretendía con este acto era aclarar si de verdad era normal esta escena: ¡estamos hablando de unos niños que piden a un adulto beber alcohol! ¡Como si fuera lo más normal del mundo!

Llegados a este punto, cabe hacer una aclaración en relación al término “cerveza”, pues si bien es así como llaman a esta bebida en la traducción al castellano de la serie, en la versión original se usa otro término, “ale”, que es más preciso para denominar a este tipo de cerveza, más arcaica, que no incorpora lúpulo.[2] Yo, en cambio, usaré el término “cerveza” y la definiré, simplemente, como una bebida alcohólica que surge de la fermentación de cereales.

Sigamos. Los guionistas de nuestra serie, suponemos, tuvieron que verse en una encrucijada a la hora de mostrar el consumo de alcohol en menores en este capítulo como algo normal entre aquellas gentes. Y es que para poder conjugar la buena imagen de una serie –protagonizada por simpáticos asesinos sin escrúpulos– con el rigor histórico, había que tener en cuenta el mundo en el que vivimos.

El consumo de alcohol en menores es un hecho actualmente, una realidad que en nuestro país podemos percibir simplemente hablando con algún menor o atendiendo los datos de la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años de toda España (ESTUDES).[3] Ahí se lee que la edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 13,9 años o que el 12,7% de jóvenes de 14 años afirman haberse emborrachado un mes atrás.

Los datos no son menos alarmantes en Estados Unidos, donde el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism recoge que un 15% de los jóvenes de entre 12 y 20 años fueron binge drinkers en 2012. Según ESTUDES: “se considera binge drinking, consumir 5 o más vasos/copas en unas 2 horas.”[4]

Bien sea por desconocimiento o por una cuestión de imagen, lo bien cierto es que los señores guionistas dejaron que el sacerdote inglés, en este capítulo de la serie, decidiera que eso de que los niños beban alcohol se iba a acabar, dando bula ­–estándar, no papal– al joven Bjorn, quien en esta serie puede tener unos 12 años, y por tanto “estaba hecho todo un hombrecito”.

A modo de contraste, vamos a mostrar un fragmento del “Coloquio de Aelfric”, un documento de finales del siglo X donde también aparecen como protagonistas un sacerdote y un niño, ingleses, por cierto, repasando las costumbres del monasterio:[5]

ABAD: “¿Qué bebe un novicio?”

NOVICIO: “Ale, si lo tengo, agua, si no tengo ale.”

ABAD: “Debería beber vino?”

NOVICIO: “No soy tan rico como para poder comprarme vino; y el vino no es una bebida para niños ni ignorantes, sino para ancianos y sabios”

Lo que nos faltaba: no solo la series de televisión nos lo dicen, también los documentos históricos. Por lo que se despende, no parece que hubiera que ser, ni mucho menos, mayor de edad para consumir alcohol en esta época…

Quizá debamos pensar que en el intervalo de tiempo que hay entre el momento en el que se sitúa la serie y la composición del coloquio, el clero, al que le habría costado lo suyo desarrollar una sensibilidad por el consumo de alcohol en menores, pierde todo lo cosechado en su haber moral y se barbariza como los vecinos del norte. Quizá, por el contrario, haya que valorar otra hipótesis: ¿podríamos considerar que la edad del novicio se acerca más a la del joven vikingo que a la de su hermana y que por tanto el sacerdote no está siendo severo en absoluto? En tal caso, ¡bien hecho, Canal Historia! Pero nosotros haremos aquí de abogado del diablo y ayudaremos a la pequeña Gyda a exponer argumentos para que puedan permitirle, al menos, un nivel de ingesta de alcohol digno del siglo XXI.

No debemos perder de vista una cosa: la cerveza, tal y como la hemos definido, era entendida por las civilizaciones antiguas que la conocían, más como un alimento que como una bebida: eran auténticas sopas fermentadas que podían ser un elemento habitual en la dieta, pues, como bien apunta J. Sanz aquí,[6] la cerveza se recomendaba en los desayunos en el siglo XIV, pero con anterioridad hay autores que señalan la presencia de la cerveza en la comida tres veces diarias.[7] Claro está, los beneficios que presentaba la cerveza medieval no podemos extrapolarlos a la actualidad, y no los podemos valorar de igual manera:

  • La cerveza es una bebida procesada y su elaboración conlleva un hervido que acaba con gran cantidad de agentes patógenos presentes en el agua.[8] Hoy en día cualquiera podría pensar: —¿por qué no hervir agua, que es más sana?
  • El consumo de alcohol a corto y largo plazo, cuyos perjuicios comentamos en el texto “Cuanto menos alcohol, mejor, cuanto más, peor. Y no hablo del orujo…”, no debían de ser muy conocidos por una sociedad medieval, que por otra parte gozaba de una esperanza de vida bastante inferior a la de las sociedades modernas. Si un pueblo no está concienciado con los efectos del alcohol, en la medida en que lo estamos nosotros, pero sí sabe que la cerveza que preparan los monjes acalla más su estómago que la propia agua, difícilmente va a rechazar el consumo de esta bebida. Resumiendo: si eres un campesino inglés, no va a venir tu médico a recomendarte que moderes tu consumo de alcohol si quieres vivir una ancianidad larga y feliz.
  • Además, la cerveza aporta unas cuantas calorías que bien podían cubrir en mayor o menor medida las expectativas nutricionales que pudieran tener las sociedades preindustriales.

Teniendo todos estos aspectos en cuenta, no parece ningún absurdo que el consumo de alcohol fuera en estos tiempos un hábito tanto para los adultos como para los más pequeños de la casa.

En el siglo XXI, sin embargo, al menos en nuestro privilegiado Primer Mundo, disponemos de redes de abastecimiento de agua potable y de unos niveles de desnutrición con creces inferiores a los de los del Medievo. Pese a ello, si quieres justificar que bebes cerveza porque aporta grandes beneficios —si sigues una receta medieval— siempre puedes apoyarte en estos argumentos, o bien decir que lo haces por parecerte a los hombres del norte. Claro que también puedes sincerarte y decir que simplemente te gusta, o por último reflexionar tras leer este artículo de Juan Revenga.[9] Recuerda, finalmente, y esto es lo más importante, que no se puede ofrecer alcohol a los menores sin ser, como nuestros protagonistas, un poco “medievales”.[10]



[1] Siglas de “Sacerdote Verdaderamente Concienciado con el Consumo de Alcohol en Menores”.

[2] http://www.oxforddictionaries.com definición de “ale”, consultado el 19 de enero de 2015.

[3] ESTUDES 2012/2013. Observatorio Español sobre Drogas. DGPNSD. MSSSI.

[4] National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, Alcohol Facts and Statics, disponible online en http://www.niaaa.nih.gov, consultado el 19/01/2015.

[5] Extraído de: Gately, I., (2009), A cultural History of Alcohol, capítulo 6, Barbarians.

[6] Sanz, J. (2013). La Cerveza Medieval, Lúpulo frente a Gruyt. Disponible online en http://historiasdelahistoria.com, consultado el 20/01/2015.

[7] cf. Gately, I. (2009), A cultural History of Alcohol, capítulo 7, Brews for Breakfast, donde se da una información similar, para la Inglaterra feudal, a la de J. Sanz, s. XIV.

[8] Entre otras cosas, vid. W. Unger, R. (2004), Beer in the Middle Ages and the Renaissance, p. 5.

[9] Revenga, J. (2013). ¿Quién dice que la cerveza es buena para la salud? Disponible online en http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2013/02/22/quien-dice-que-la-cerveza-es-buena-para-la-salud/comment-page-1/, consultado el 24/1/2015.

[10] Entiéndase la ironía del término “medieval” que tanto desprestigio ha sufrido y sufre.

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