Leche artificial “humana”, o por qué entro en las farmacias con gorra y gafas de sol

Actualizado: Mié, 26/10/2016 - 10:05

@JulioBasulto_DN

Entro poco en las farmacias, siempre con gorra y gafas de sol. No porque sea un miembro de la jet-set que huye de los autógrafos, sino porque odio mirar a mi alrededor y contemplar decenas, centenares de productos carísimos, inútiles, peligrosos y que vulneran la legislación vigente. Cuando ves en la tele un anuncio de Actimel o de Pediasure puedes apretar el “off”, y asunto terminado. Pero en la farmacia no queda más remedio que usar gorra y gafas.

Normalmente voy a las farmacias a comprar tapones para los oídos. Me resultan muy útiles para concentrarme cuando leo, estudio o escribo, pero también para viajar en tren (qué manía tiene la gente de hablar a grito pelado por el móvil, insoportable), para intentar dormir los días de fiesta mayor (petardos, pseudomúsica, discusiones) e incluso para reducir el estruendoso volumen de ciertas películas de cine. ¿De qué hablaba? Ah sí, de entrar en una farmacia a comprar tapones... Ahí tienen otra utilidad de los tapones: no escuchar ciertas conversaciones kafkianas entre farmacéuticos y clientes. 

- “¡Ah!, Veo que su médico le ha recetado un antibiótico. La flora intestinal se le resentirá, así que le aconsejo que se tome estas pastillas de propóleo puro de abeja 100% natural, ¡ya verá como le van muy bien!”…

Treinta y dos euros con cincuenta y dos después, llega mi turno. Me quito las gafas de sol, y también los tapones (mano de santo, insisto) y se los enseño al farmacéutico rogándole que me venda unos igualitos. Mientras el del propóleo rebusca en los cajones (¿no los querrás de cera de abeja…? No, no, de espuma de poliuretano 100% artificial, gracias), sigo con la cabeza gacha, cual sospechoso de asesinato. En la televisión (sí, televisión en la farmacia, buff) suena lo siguiente “Estudios científicos prueban que el resveratrol es un agente antiedad. Nuestras cápsulas...”, y corro a ponerme los tapones y las gafas de nuevo.

Y ahí, justito al ladito de mis gafas, en el mostrador, aparece el tríptico “Miltina. Especialistas en bebés felices”. Al leer la palabra “Humana” encima del dibujo de un biberón de leche artificial mi cuerpo reacciona como si una abeja vengadora me hubiera picado en la punta de la nariz (¡esto por tu artículo del propóleo, traidor!). Tras pedir perdón a la señora de detrás (menudo pisotón, pobre), cojo el tríptico, pago los tapones y huyo despavorido.

Ya de camino a casa, hago una foto a la hoja central del dichoso tríptico que fomenta la fórmula infantil  “Miltina” (insisto: “especialistas en bebés felices” –sic-). Tienen la foto ahí arriba, para que vean que no miento. Un señor biberón con la palabra “Humana” en medio.  No sé a ustedes, pero a mí me da a entender que el blanco contenido del biberón debe ser casi lo mismo que la leche materna. La leche materna se parece a la artificial como el ajedrez al cara o cruz, créanme.

Pero, vamos a ver, ¿acaso  no dejó claro el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna que en los “materiales informativos y educativos, impresos, auditivos o visuales, relacionados con la alimentación de los lactantes y destinados a las mujeres embarazadas y a las madres de lactantes y niños de corta edad”, no deben utilizarse “imágenes o textos que puedan idealizar el uso de sucedáneos de la leche materna”?

Digo yo que poner el palabro “humana” encima de un biberón idealiza de lo lindo el uso de dicho sucedáneo de la leche materna. Más todavía, si al ladito pongo un microscopio antiguo (que recuerde a Pasteur), rodeado de la frase “Experiencia en investigación y ciencia. Más de 60 años” (tal cual). Lo gordo, amigas y amigos, es que una cosa es el Código y otra muy distinta la legislación, mucho más laxa, como veremos. Estoy muy de acuerdo con esta frase de la Dra. Josefa Aguayo y colaboradores en el capítulo “El código de la industria”, del libro “Manual de lactancia materna”: “España se debería acoger íntegramente al código”. Cosa que no ha hecho.

Ya en casa, abro el tríptico con el mismo escrúpulo que siente un artificiero a punto de desactivar una bomba. Ah, esperen, que resulta que “Humana” es el nombre de una empresa que fabrica “productos de alimentación infantil”. Más concretamente “HUMANA Society Milchunion Everswinkel”, con sede en Alemania, cuyos principales productos son “la leche en polvo o fórmulas líquidas para lactantes y los complementos alimenticios”. Así que cuando alguien diga a esa empresa que están vulnerando el código, ellos se defenderán diciendo que “es nuestra denominación comercial”. ¡Ajajá! La cuenta regresiva del artefacto sigue su curso…

Sin quitarme los guantes, desdoblo un poquito más el tríptico. No veo ningún cable rojo ni azul, pero sí constato que, en realidad, solo se hace propaganda de leches artificiales de continuación o ““de crecimiento”” (entre muchas comillas. En este texto de Mammalia entenderán por qué). Buff, la cosa se complica. No es casualidad, porque la legislación prohíbe esta clase de materiales si contienen información sobre “preparados para lactantes” (“productos alimenticios destinados a la alimentación especial de los lactantes durante los primeros meses de vida, que satisfagan por sí mismos las necesidades nutritivas de estos lactantes hasta la introducción de una alimentación complementaria apropiada”). Pero no prohíbe estos materiales si van destinados a fomentar el consumo de (quiero decir, “informar sobre”) los “preparados de continuación” (“productos alimenticios destinados a la alimentación especial de los lactantes cuando se introduzca una alimentación complementaria apropiada que constituyan el principal elemento líquido de una dieta progresivamente diversificada de estos lactantes”).

Es decir, la reglamentación española indica que la publicidad de los preparados para lactantes “no deberá insinuar ni hacer creer que la alimentación con biberón es equivalente o superior a la lactancia materna”. Pero, claro, esto no tiene por qué aplicarse a los “Preparados de continuación”, que son los que aparecen en nuestro querido tríptico. Tengo la sensación de que quien redactó el Real Decreto 867/2008 no tenía mucha idea de la importancia capital de proteger la lactancia materna, dure lo que dure. Eso pensando bien.

Llegados a este punto, decido dejar de lado el explosivo, que diga, el tríptico. Haré como que no he visto lo de “Leches infantiles ecológicas desde el origen. Sin agentes genéticamente modificados”. Y también borraré de mi mente la publicidad (en el mismito tríptico) de “Silmarina”, un “complemento alimenticio a base de cardo mariano” y amén (ese cardo mariano que no puede publicitar en Europa que mejora la producción de leche materna). 

Es momento, me digo, de revisar el Real Decreto 867/2008, de 23 de mayo, “por el que se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación”. Porque, si bien no soy abogado (y mucho menos del diablo), soy un fiel seguidor de una memorable frase de Stephen Jay Gould: “Los estudios superiores y los títulos detrás del nombre no garantizan un nuevo nivel de sabiduría […] al fin y al cabo, no existe sustituto para el anticuado vicio de una lectura atenta”. 

Tras una lectura atenta (incluso viciosa…) veo que en su artículo 9 “Presentación y publicidad”, el reglamento, aunque hace referencia, una y otra vez, a los “preparados para lactantes”, no siempre es así. Les marco en negrita las palabras importantes del apartado 5, que luego amplío.

5. Los requisitos, prohibiciones y restricciones a los que se refieren los artículos 6.3, 6.4.d) y 7.a), 7.b), 7.c) y 7.d) serán aplicables también a:

a) La presentación de los productos de que se trate, en particular, su forma, apariencia y envase, el material de envase utilizado, la forma en que estén dispuestos y el medio en que se exponen.

b) La publicidad.

Así, lo que diga el artículo 6, apartado 4, sección “d” debemos aplicarlo a la publicidad, tanto de “preparados para lactantes” como de “preparados de continuación”.

Retrocedamos pues y busquemos el artículo 6, apartado 4.

6.4. En el etiquetado de los «preparados para lactantes» y «preparados de continuación» deberán figurar, además, los siguientes datos:

[…]

d) El etiquetado deberá estar diseñado de forma que proporcione la información necesaria sobre el uso adecuado de los productos y no disuadirá la lactancia materna, quedando prohibida la utilización de los términos «humanizado», «maternizado», «adaptado» u otros similares

Ya, ya, habla de etiquetado y no de trípticos propagandísticos, pero acabamos de leer que “los requisitos, prohibiciones y restricciones” a los que se refiera este artículo son aplicables a la publicidad. En tal caso, plantar la palabra “humana” (muy similar a “humanizada”) encima de un biberón, aunque sea el nombre de la empresa, vulneraría el Real Decreto 867/2008, diría yo.

Ya me puedo quitar la mascarilla. En mi opinión, artefacto desactivado. ¿Ha servido de algo tanto teatro? Puede que sí, puede que no. Mientras tanto, siento que me he quitado una espinita que tenía clavada desde que leí, en  el capítulo “El código de la industria” antes citado, lo siguiente

“Los profesionales de la salud deben apoyar el Código, deben ser conscientes de su obligación de […] vigilar e informar de las prácticas de comercialización inadecuadas”

Así sea.

 

Nota: Muy agradecido, por su impagable asesoramiento en este texto (y en tantas otras cuestiones) a mi amigo y admirado Luis Ruiz (@LRuizGuzman), magnífico pediatra y miembro de la junta y responsable de la salud materno infantil del comité UNICEF Cataluña.

 

Bibliografía citada

  1. Aguayo J, Riaño I, Arena J. El Código de la industria. En: Comité de lactancia de la Asociación Española de Pediatría. Manual de Lactancia Materna. De la teoría a la práctica. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2009. p.141-6
  2. Basulto J. Propóleo, ¿es bueno para la salud? Eroski Consumer. 6 de febrero de 2014. En línea: http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/alimentos_a_debate/2013/02/06/215646.php
  3. European Food Safety Authority. Scientific Opinion on the substantiation of a health claim related to silymarin BIO-C® and increase in production of breast milk after delivery pursuant to Article 13(5) of Regulation (EC) No 1924/20061. EFSA Journal 2010;8(9):1774.
  4. Gould SJ. Ocho cerditos. Reflexiones sobre historia natural. Barcelona: Booklet; 2012. p.156.
  5. López Nicolás JM. La verdadera historia del Actimel (I). Scientia. 14 de junio de 2012. En línea http://scientiablog.com/2012/06/14/la-verdadera-historia-del-actimel-i/
  6. Mammalia. Las “leches de crecimiento” son innecesarias (programa “SER consumidor”, Cadena SER, 17/XI/2013). Blog Mammalia. 25 de diciembre de 2013. En línea: http://mammalia.info/las-leches-de-crecimiento-son-innecesarias-programa-ser-consumidor-cadena-ser-17xi2013/
  7. Organización Mundial de la Salud. Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna. Ginebra: WHO, 1981. En línea: http://www.ibfan-alc.org/nuestro_trabajo/archivo/codigo/codigo_internacional_1981.pdf
  8. Real Decreto 867/2008, de 23 de mayo, por el que se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación. En línea: http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2008-9289
  9. Revenga J. Mamá, no quiero ser un niño enclenque, ¿me preparas “el batido”? El nutricionista de la general. 12 de mayo de 2014. En línea: http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2014/05/12/mama-no-quiero-ser-un-nino-enclenque-me-preparas-el-batido/      

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