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“Menos vitaminas y más raciocinio”, dice The New York Times

Actualizado: Vie, 24/01/2014 - 09:41

Aunque los norteamericanos gastan más dinero en atención sanitaria que los de cualquier otro país industrializado, este gasto no repercute en una mejora de su salud
En un editorial publicado en ´The Annals of Internal Medicine´, del que se hizo eco ´The Times´, cinco médicos aconsejaban a quienes toman suplementos a dejar de ´malgastar su dinero´
Los suplementos de vitaminas y minerales no sirven para corregir las cosas que se hacen mal en el día a día

@AntonioOrtiApar, @JulioBasulto_DN

Así es como tituló ayer su crónica el periodista Tom Brady en la siempre interesante selección de artículos de “The New York Times” que publica el diario “El País” cada jueves. En el artículo se explicaba por qué Estados Unidos gasta más dinero en atención sanitaria que cualquier otro país industrializado y la razón por la que este gasto no repercute en una mejora de la salud de sus ciudadanos. Un simple ejemplo: pese a que los norteamericanos gastan 30.000 millones de dólares al año solamente en suplementos y pese a que la mitad de los adultos toman una pastilla de vitaminas diaria, los norteamericanos tienen mayor riesgo de desarrollar obesidad, enfermedades cardiovasculares o diabetes que los ciudadanos de otros países.

A partir de aquí, reproducimos lo que escribió ayer el periodista Tom Brady en su artículo para que cada cual saque sus conclusiones:

(…) “En un editorial publicado en una edición reciente de ´The Annals of Internal Medicine´ del que se hizo eco ´The Times´, cinco médicos aconsejaban a quienes toman suplementos a dejar de ´malgastar su dinero´.

Para la gente sana, no existe ninguna prueba de que las pastillas de vitaminas y minerales sean de ayuda, según estos profesionales de la salud. Y en algunos casos pueden ser incluso perjudiciales. ´La mayoría de los suplementos no previenen las enfermedades crónicas o la muerte, su uso no está justificado y debería evitarse´, dice el editorial.

Jennifer Berman era una devota de la comida sana ´antes de que estuviera de moda´, según reconoce en ´The Times´. En su dieta abundaban el zumo de berza y las verduras crucíferas de propiedades anticancerígenas como el brócolí, la coliflor o las coles de Bruselas. Cuando empezó a estar de moda la comida saludable, las amigas que antes se burlaban de su obsesión por la salud le acabaron pidiendo consejo sobre lo que debía consumir. Un día su médico le diagnosticó que padecía hipotiroidismo, una patología muy común en mujeres de más de 40 años. Buscó la lista de alimentos que debía evitar y encontró la col al principio de todo, seguida de las verduras que comía con regularidad. Las semillas de lino, con un alto contenido en omega 3, que espolvoreaba sobre los cereales y los batidos de fresa, almendra y leche, quedaron descartadas. También estaban prohibidas las almendras, las fresas, la soja, los melocotones, los cacahuetes, el maíz, los rábanos, el colinabo y las espinacas.

Cuando fue al dentista descubrió que tenía cinco caries. El médico le preguntó si comía dulces y bebía refrescos a diario. ´Me sentí insultada, indignada´, escribe en ´The Times´. ´No como azúcar y solo bebo zumos de verdura fresca. Y agua filtrada con limón´.

Su dentista le explicó que los azúcares de los zumos de fruta y verdura provocan deterioro, y que el limón había erosionado el esmalte que protegía sus dientes”.

Hasta aquí la parte del artículo que nos interesa reseñar. Y ahora el postre (que intentaremos que sea ligero…): cuando la obsesión por comer sano es más estética que otra cosa (como suele suceder con el 40% de los norteamericanos que cada día toman una pastilla de vitaminas pensando que así logran reequilibrar todo lo que hacen mal en su día a día) o no guarda relación con los condicionantes personales (aquí el ejemplo sería comer algas que, pese a parecer muy sano, es susceptible de ocasionar problemas tiroideos pues el yodo que contienen, tomado en exceso, es muy peligroso) puede suceder lo que explica el artículo.

Por cierto, un texto recientemente publicado en la web de “Consumer” hace alusión a este tema, con un titular que habla por si solo: “Los suplementos de vitaminas y minerales no dan superpoderes”.

Nos despedimos, con varias puntualizaciones: 1/ No está demostrado que el zumo de berza y las verduras crucíferas sean anticancerígenos 2/Es cuestionable que el médico de Jennifer Berman le dijera que debía “evitar” comer una larga lista de alimentos. Seguramente le dijo “limitar”, es decir, que no se excediera en el consumo de algunos alimentos, ya que, de otra forma, cualquiera podría sobreentender que su problema tiroideo se había originado a causa de dichas verduras. Hemos indagado al respecto y, según detalla la edición de abril de la revista “Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics”, tanto las crucíferas (familia a la que pertenecen, además de la col, las coles de Bruselas y la coliflor) como diversos alimentos de origen vegetal (muy especialmente, la soja y sus derivados) contienen unos compuestos llamados “goitrógenos” que, aunque en teoría podrían interferir en el buen funcionamiento de la glándula tiroides, lo cierto es que salvo que la persona en cuestión sufra una deficiencia de yodo, generalmente no causan problema alguno; los “goitrógeneos”, por cierto, se inactivan con el calor y la cocción) y 3/ Aunque es posible que un abuso en el consumo de zumos de frutas guarde relación con la caries, nos parece menos probable que ello ocurra con los zumos de verduras.

Dicho lo cual, estamos completamente de acuerdo con Tom Brady: hoy día estamos mucho más necesitados de raciocinio que de pastillas efervescentes…

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