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El consejo: pésate antes y después de hacer deporte

Actualizado: Vie, 18/10/2013 - 11:30

El "Junco de Bérriz", también conocido por Marino Lejarreta, ciclista legendario que entre 1979 y 1992 consiguió 52 victorias, algunas muy sonadas, en el Tour de Francia, el Giro de Italia y la “Vuelta a España”, aconseja a las lectoras y lectores de “Comer o no comer” utilizar la báscula muy a menudo para no ganar peso y mantenerse dentro de unos márgenes saludables.

También lo recomiendan algunos expertos en medicina deportiva, aunque por motivos diferentes. Por ejemplo,  Nieves Palacio, responsable del Servicio de Medicina, Endocrinología y Nutrición del Centro de Medicina del Deporte del Consejo Superior de Deportes, además de presidenta del grupo de Nutrición de la Federación Española de Medicina Deportiva, recomienda en la página 141 de “Comer o no comer” (ed. Planeta) pesarse antes y después de hacer ejercicio  “para saber la cantidad de líquido (más que agua, bebidas con una composición específica que aporten hidratos de carbono y sodio) que conviene beber para reponer el sudor”.  Un ejemplo: si antes de realizar un ejercicio intenso, marcabas en la báscula 73 kilos y al acabar pesas 72,3, intenta reponer esos 700 centilitros que has perdido con el sudor.

Volviendo al gran Marino Lejarreta, el pasado jueves 26 de septiembre compartió una conferencia en Bilbao con Julio Basulto, uno de los tres impulsores de nuestra web. He aquí las notas que se trajo Julio en su libreta:

Nacido en Bérriz, este vizcaíno se ganó a pulso el apodo “Junco de Bérriz”. “De cuerpo delgado, fibroso, como los juncos que poblaban su caserío de Berriz, Marino marcó una época en el ciclismo vasco” detallaba en 2005 “Diario Vasco”. A sus 56 años, Marino sigue manteniendo una excelente forma física, hasta el punto de seguir pareciendo flexible e irrompible, como un verde y saludable junco. Desde aquí le agradecemos que haya tenido un momento, con su siempre franca sonrisa, para contestar las breves preguntas que figuran a continuación.

Hola Marino, y ante todo muchas gracias por acceder a charlar un rato con “Comer o no comer”. Como sabes, me impactó mucho cuando escuché, en una entrevista radiofónica que compartimos, tu explicación a cómo conseguiste controlar tu peso después de dejar de competir. ¿Se lo podrías explicar a los lectores de nuestra web?
Sin duda. El caso es que como sabía que las posibilidades de que ganase mucho peso eran muy altas (en competición realizaba un gasto calórico tremendo, algo que no iba a suceder a partir de entonces), pues hice una serie de someros cálculos para averiguar a partir de qué peso debería empezar a preocuparme. Los “números” los realicé con los medios disponibles entonces: hoy por hoy, gracias a internet,  es más fácil acceder a información fiable. Pues bien, en función dichos cálculos, si mi cuerpo pasaba de 70 kilos, la cosa empezaba a ser preocupante, y si pasaba de los 75 kilos, era momento de tomar cartas en el asunto sin demora. Y si bien es cierto que tras mi alejamiento de la competición disminuí de forma voluntaria el volumen de alimentos que tomaba (ya puedes imaginarte las raciones de comida que consume alguien que pasa horas y horas forzando a su cuerpo hasta el límite…), la báscula iba subiendo progresivamente. Así que seguí atento a la evolución de mis “kilos de más”, pesándome de forma habitual y frecuente. Llegué a los 70…y acabé por rebasar los 75. Sabía que para una persona de mi estatura no era un peso muy preocupante (puede ser mucho peor, claro), pero también sabía que era el momento de frenar esa curva ascendente en mis reservas de grasa corporal.  Así que decidí reducir al máximo tanto el volumen de alimentos que tomaba como la cantidad de comida superflua que ingería. Hoy es una rutina y mi peso está estable desde hace ya muchos años. 

Interesante, Marino, porque, como te comenté en su día, hay varios estudios científicos que avalan que pesarse a menudo es una de las posibles estrategias válidas para que la población adulta evite kilos con el paso de los años. La siguiente pregunta que me gustaría formularte es sobre tu hidratación en competición. ¿Calculabas el volumen de líquidos que tomabas? ¿Qué tipo de líquidos llevabas en la bicicleta?
Pues no, no lo calculaba, la verdad, pues bebía a menudo respondiendo a mi sed. Teníamos una botella con agua y otra con sales, e íbamos bebiendo alternativamente. Tengo que decirte que yo he sufrido los muy molestos síntomas de la deshidratación y lo cierto es que, pese a que mucha gente pueda llegar a pensar que produce una sed terrible, la verdad es que no es así: los síntomas son sobre todo un dolor de cabeza terrible y un malestar general desmesurado. Incluso te cuesta beber. Hoy se realizan cálculos precisos al respecto de la hidratación…pero aquellos eran otros tiempos. 

Por último, y con esto acabamos esta breve entrevista, ya que “Comer o no comer” revisa de forma habitual los mitos dietéticos y las modas alimentarias, nos gustaría preguntarte si has oído hablar de la llamada “paleodieta para deportistas”, que propone una disminución drástica en el consumo de alimentos como la pasta, el pan, el arroz y otros cereales de la dieta de los atletas.
Pues la verdad es que no, que no tengo noticias sobre esta dieta. Pero vamos, que me parece una vuelta atrás. En mi época, sufrir una pájara era algo bastante frecuente. Yo mismo he padecido más de una: los músculos, de repente, dejan de responder. Tú quieres seguir, piensas que vas a llegar, pero ellos, que no tienen suficiente energía, frenan su actividad de forma brusca. Hoy, gracias a las dietas más ricas en carbohidratos y también gracias a determinados suplementos a base de carbohidratos fácilmente digeribles, las pájaras han pasado a ser algo raro en el ámbito de la competición profesional. En mi época, se vivió con mucho éxito la constatación científica (y práctica) de que a mayor consumo de alimentos ricos en carbohidratos, mayor era el rendimiento en deportes de resistencia, como es el caso del ciclismo. Recuerdo que nosotros tomábamos unos bistecs durísimos, que no había quien se los pasara…y pasamos a tomar cereales de desayuno, mucha más pasta y arroz e incluso el dichoso bistec se sustituyó por una tortilla, mucho más digerible. En fin, no creo que ningún equipo que pretenda ganar una competición vaya a darle el más mínimo crédito a una dieta baja en carbohidratos, pues no descubro nada nuevo si digo que es el combustible principal del músculo.

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