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El psicólogo Pep Marí explica a más de un centenar de dietistas y nutricionistas el abracadabra para que sus clientes consigan sus objetivos

Actualizado: Lun, 09/06/2014 - 13:38

Llegó y dio tres veces las gracias y, antes de finalizar, una cuarta. Entre medias, Pep Marí, el responsable del Departamento de Psicología del Deporte del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, jugueteó con un bolígrafo, se ganó a la audiencia y en ningún momento pareció un pulpo en un garaje, sino más bien al contrario: un psicólogo cuyos puntos de vista pueden resultar muy valiosos a los dietistas-nutricionistas para conseguir la adherencia de sus clientes.

Todo ello ocurrió en la segunda jornada sobre nutrición deportiva que tuvo lugar el jueves 5 de junio en el Campus de la Alimentación de Torribera (en Santa Coloma de Gramenet, a 10 km de Barcelona). Con la sala Les Voltes llena hasta la bandera, Pep Marí subió al estrado con las manos vacías, después de haber anticipado que llevaba su intervención escrita en el corazón.

Ya en el púlpito, Marí señaló que su primer consejo para los nutricionistas era ajustar las expectativas de sus clientes a la realidad. “Cualquier persona que inicia una dieta tiene unas expectativas y espera que pasen cosas y que estas repercutan en su salud o en su imagen”, dijo el autor de “Aprender de los campeones” y “La felicidad no es el objetivo”. A modo de curiosidad, y aunque no venga a cuento, Marí se ha embarcado en un nuevo proyecto: escribir una novela sobre la fidelidad (un valor, por cierto, que guarda evidentes similitudes con la “adherencia”, tal como refleja la Real Academia Española al definir las dos acepciones del vocablo: “lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona”, “puntualidad, exactitud en la ejecución de algo”).

“Se quiera o no, una dieta genera expectativas temporales: cuánto tiempo necesitaré para los cambios, qué notaré primero, qué notaré después”, siguió diciendo Marí. “Y también genera unas expectativas sobre los roles, es decir, la persona que hace la dieta o que busca un objetivo deportivo, se pregunta si será capaz de hacerlo”, indicó.

Ajustar las expectativas a la realidad
“Así pues, la primera pauta ha de ser ajustar las expectativas a la realidad, a lo más probable que ocurra en función de los conocimientos científicos que tenemos. Si la evidencia señala que lo más probable es que algo ocurra en un plazo de dos semanas, el consejo será no decir que pasará en una”, añadió.

“Me refiero a que hay que escuchar al cliente –siguió contando Marí– y evaluar sus expectativas, porque no nos podemos permitir el lujo de trabajar con personas que esperan cosas que no van a ocurrir, porque esto es sinónimo de fracaso y de frustración. Por este motivo, hay que revisar las expectativas cada vez que ocurre algo distinto o cada vez que se cambia de fase, y no solo al principio”, avisó.

“¿Y cómo se pueden saber las expectativas de un cliente?” –interrogó Marí a los allí reunidos–. “Muy fácil –respondió–: preguntándoselo. Esto es,  ya digo, muy importante, porque no se puede trabajar con gente cuyas expectativas no son realistas”, advirtió. Y puso un ejemplo: “hace nada leí en una revista pseudo científica un titular que decía “¡Gana volumen muscular en 2 semanas!”. En mi opinión, se trata de una muy mala estrategia, porque cuando la promesa no se cumple lleva al abandono”, precisó.

Fomentar la implicación
“Llegamos al segundo gran momento de un tratamiento. ¿Cuál es la idea básica? Pues que tenemos que conseguir que nuestro cliente crea, que se convenza de que es posible, y que la persona más importante para conseguir su objetivo no es un médico o un nutricionista o un psicólogo sino que es él mismo”, indicó Pep Marí tras desvelar que hace servir esta táctica con los atletas.

“También es importante hacer todo tipo de gráficas para evaluar el progreso, la mejora, y hacerlo de la forma más cuantitativa posible, porque si una cosa no se puede medir, no se puede mejorar. Se pueden hacer gráficas mensuales, semanales. En una gráfica se puede ver, por ejemplo, cómo ha bajado el peso y en otra evaluar la adherencia. En el CAR de Sant Cugat hago muchas gráficas (peso total, masa muscular, etc.) pero solo les enseño las gráficas que demuestran a los deportistas que, cuanto más trabajan, más mejoran, con el objetivo de mejorar la adherencia. Insisto: es fundamental fomentar la implicación y el compromiso, que la persona se crea la principal responsable de lo que le está ocurriendo. Es justo entonces cuando viene el seguimiento”, adelantó.

Anticiparse
“Esta fase –puntualizó Marí–  es muy importante porque cada vez te alejas más de la tutela y el control. ¿Cuál sería aquí la idea clave? Anticiparse, preguntarse qué podemos hacer para que el cliente no se nos escape al final, para poder garantizar su adherencia”.

“En los Juegos Olímpicos de Barcelona tuve la suerte de estar con la psicóloga del equipo norteamericano y me dijo que solo hacía una cosa, una: que nada sorprendiera a sus deportistas. Para lograrlo, anticipaba posibles sorpresas, imprevistos que podían suceder en algún momento, para que ellos no tuvieran que improvisar y salirse del guión. Por esto es tan importante en esta fase para un dietista anticiparse a lo que pueda ocurrir y plantear posibles escenarios por si pasa esto o por si ocurre lo otro para que las personas que tutelamos sepan en todo momento que han de hacer si llueve, si hace viento, si se caen o si ocurre cualquier cosa extraña”, detalló.

“Hay que anticipar sensaciones, sobre todo, en las primeras semanas, cuando es posible que tengas muchas ganas de picotear. Pues vale, como ya sé que es muy probable que ocurra, pues me voy a adelantar y le voy a decir: si tienes ganas de picotear, picotea esto y no lo otro; también es previsible que te pongas de mala leche, si te pasa, haz esto”, continuó diciendo Pep Marí cuando ya llevaba 35 minutos de exposición.

“¿Y cómo lo podemos hacer? Con lo que dicta la experiencia, con lo que conocemos. ¿Y cómo podemos saber si tenemos delante a una persona sentimental, práctica o lo que sea, para obrar en consecuencia? Preguntándoselo y observándola. Hay que preguntar: ¿para qué me vienes a ver? En realidad, la pregunta más importante de todas es: ¿para qué haces esta dieta? ¿qué esperas de ella? A partir de aquí, hay que dar a cada tipo de persona lo que necesita utilizando los tres principios básicos del aprendizaje: el refuerzo o los premios (no necesariamente han de ser premios materiales, sino que puede ser, también, prestarle más atención, por ejemplo), el castigo o sanción (como, por ejemplo, pedirle algo que sabes que le desagrada) y la extinción o el pasar de la persona, ignorarla, cuando la conducta del cliente sea realmente intolerable (por ejemplo, cuando te falte al respeto). Si se utilizan bien estos tres principios y, además, se ajustan las expectativas, se fomenta la implicación y se hace un seguimiento que se anticipe a posibles situaciones que puedan darse, estoy seguro de podréis mejorar la adherencia de vuestros clientes”.

Dicho lo cual, Pep Marí dio las gracias por cuarta vez y fue premiado con una cerrada ovación por los allí presentes que tuvieron ese día un cartel de auténtico lujo:  Julio Basulto deleitando a la concurrencia con el abordaje nutricional en el deportista vegetariano, el siempre interesante Serafín Murillo refiriéndose a los deportista diabéticos, Victoria Pons sumergiéndose –y nunca mejor dicho…– en las bebidas deportivas y Jaume Giménez interrogándose sobre cómo ha de ser el aboraje nutricional de una prueba tan exigente como la Marathon des Sables.

Si nada se tuerce, “Comer o no comer” publicará en los próximos días las ponencias de todos ellos para que quienes que no pudieron asistir se beneficien de sus consejos.

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