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Señalar al melón como causa de su pudrimiento, ensayo aleatorizado y controlado

Actualizado: Lun, 13/01/2014 - 12:19

@JulioBasulto_DN, @dcalbet


En una de tantas cenas navideñas, cayó en nuestras atónitas orejas un mito dietético digno de mención en un blog como este. Al parecer, corre por las tierras del Ebro el siguiente rumor: un melón señalado por un dedo humano tiene altas posibilidades de pudrirse antes de tiempo. Ojo, no hace falta tocarlo, es decir, presionar sobre él: es suficiente con apuntar desde lejos con nuestro dedito, como cuando un bebé señala a su juguete para que se lo traigamos. Solo una mente retorcida como la nuestra pudo maquinar, mientras cenaba, el estudio científico necesario para refutar semejante barbaridad. Y solo unos lectores imprudentes e insensatos seguirían leyendo de ahora en adelante (avisada y avisado quedas…), ya que vamos a detallar el proceso punto por punto.

1.- Diseñaremos el protocolo del “melónico” estudio. Solo este primer paso nos llevará un ratito ligeramente superior a lo que cuesta pronunciar “no señales el melón, desgraciao, que te lo cargas”.

2.- Contrataremos a un individuo que no tenga nada que ver con el mundo melonar (en el rumor no parece influir el sexo o la edad de quien señala, así que no haremos la selección del voluntario teniendo estos criterios en cuenta), pero que forme parte de la Real Federación Española de Tiro con Arco (es importante que sea alguien que señale bien: la torpeza al señalar mandaría el estudio al garete).

3.- Escogemos un campo de melones en el que crezcan más de 100 ejemplares. Nos aseguraremos, mediante una entrevista detallada al agricultor responsable del campo, de que nadie haya señalado antes a los melones.

4.- Con mucho mimo, etiquetaremos los melones uno por uno (mejor en la rama, por si acaso…), cuidando de no apuntar a ningún melón con nuestro torpe dedo índice. Las etiquetas deben contener un código sin significado alguno para el voluntario (Ej.: X@78xjf2*).

5.- De entre los 100 códigos asignados a los melones, seleccionaremos al azar 50, dividiendo así el melonar en dos grupos. A saber: el grupo de aquellos melones que serán señalados por el voluntario, y el grupo de los melones que, felices y contentos en su melonar, no serán amenazados por el temido dedo índice, terror de todos los melones. Posteriormente, asignaremos códigos a los pobres melones seleccionados por el voluntario.

6.- El día D, a la hora H, el voluntario señalará durante 10 segundos (décima arriba, décima abajo) los melones seleccionados, sin que nosotros (los investigadores) presenciemos qué melones serán señalados.

7.- Llegada la cosecha, contrataremos a un miembro de la Unión Española de Catadores, al que pediremos que cate los melones, uno por uno, para determinar su sabor en una escala de 1 a 10 y califique, de forma dicotómica, si, según su parecer, el melón en cuestión esta pasado de maduración o no.

8.- Someteremos los resultados a un cálculo estadístico. En primer lugar, analizaremos la incidencia de melones pasaditos según el experto catador en cada uno de los dos grupos, realizando una comparativa mediante la prueba exacta de Fisher para, en segundo término, proceder a comparar la calidad de los melones (de igual forma para cada uno de los dos grupos), según la escala ordinal establecida, mediante el test de la U de Mann-Whitney (prueba equivalente al T-Test, para datos ordinales), estableciendo si existen diferencias estadísticamente significativas tanto en la incidencia de melones pasaditos como en la calidad de los mismos, entre los melones no señalados, y los melones malévolamente estigmatizados por el voluntario.

9.- Enviaremos el estudio a una revista científica indexada que cuente con un proceso de revisión por pares (peer review) para someterlo a su escrutinio y arbitraje.

Y hasta aquí podemos leer. ¿Entienden por qué es mucho más fácil hacer correr un rumor (falso a todas luces) que desmentirlo? No nos hemos tomado la molestia de revisar si alguien ha publicado un estudio sobre este tema, no vaya a ser que existan seres más desequilibrados que nosotros y nos quiten el podio.

Nota: Los autores declaran no tener conflictos de interés. Es decir, no pertenecemos a un club clandestino de señaladores de melones, no vendemos melones al por mayor (ni siquiera de tapadillo…), no guardamos vínculo alguno con el maravilloso mundo de los melones (aunque sí comemos alguno de vez en cuando, todo sea dicho), ni nos afectan otros factores económicos o personales que pudieran influir o menoscabar nuestro juicio a la hora de elaborar o de valorar este estudio.

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