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Más vegetales, menos animales

Actualizado: Mar, 08/11/2016 - 16:07

Más vegetales, menos animales
Aunque ambos autores defienden una alimentación más vegetal, ello no les lleva a caer rendidos ante las bobadas que sobre el aceite de coco cuentan revistas de tendencias de encefalograma nutricional plano
Es mucho más saludable ser cuasi vegetariano o vegetariano del todo que convertirse en uno de esos carnívoros capaces de dar buena cuenta de cualquier cosa con patas que no sea una silla
El libro desmitifica algunas de las arcadias doradas del vegetarianismo: que si las algas marinas, que si las hierbas ´medicinales´, que si las terapias ´alternativas´, que si las recetas ´anti-cáncer´…
A diferencia de otros libros también verdes, la obra no aboga por el sensacionalismo vegetariano y por un mal entendido ´buenrollismo´ que lleva a apartarse de la evidencia científica y a transitar por la senda de las animaladas

Una cigüeña nos ha traído en el pico un cesto con el nuevo hijito de la pareja formada por Julio Basulto y Juanjo Cáceres: el libro “Más vegetales, menos animales” (editorial DeBolsillo), cuyo título ya sabe a turrón.

A Julio, lo conocéis sobradamente: “Comer o no Comer” ha sido su casa en los últimos años y también ahora. Se trata de un nutricionista cien por cien honesto que defiende la salud pública con la misma determinación con la que don Quijote se peleaba con los molinos de viento. Es decir, sin atender las voces de gigantes que mueven las manos como aspas y promueven embotellar la chispa de la vida y desayunar cereales azucarados. En cuanto a Juanjo, otro buen amigo de la casa, es un tipo igual de honrado­ que tiene la rara virtud de decir cosas muy interesantes sin armar ruido. Pero…dejémonos de zalamerías.

El libro que nos ocupa pone encima de la mesa uno de los temas más actuales del momento: la mala conciencia que comienzan a tener muchos carnívoros al ver la mala vida que se les da a los animales y la forma con la que los hemos esclavizado. Hablamos, pues, del vegetarianismo como tendencia y, así, de esas bandejas que expenden muchos supermercados repletas de muslos de pollos que ni siquiera llegaron a conocerse, pero también de que grandes extensiones de África sirven para alimentar al ganado que nos comemos en el Primer Mundo mientras ellos se mueren de hambre. O que la producción ganadera guarda una estrecha relación con la emisión de gases con efecto invernadero. Y así podríamos seguir un buen rato.

Sin embargo, lo anterior no lleva a los autores a liarse la manta a la cabeza y a cuestionar la condición omnívora, pese a que las prácticas vegetarianas se pierdan en los albores del tiempo: desde la compasión budista hacia cualquier ser vivo, hasta el vegetarianismo de Pitágoras, pasando por el convencimiento de San Francisco de Asís de que los animales son nuestros hermanos. El título del libro ya es revelador de la propuesta de Cáceres y Basulto: “Mas vegetales, menos animales” (y no “más vegetales y ningún animal”).

En este sentido, el volumen constituye una excelente guía para quienes se están planteando comenzar a pensar en verde, pero también para quienes, siendo ya vegetarianos, tienen dudas sobre la vitamina B12, la sal yodada, el calcio, las proteínas o cualquier otro nutriente importante. Esto no es óbice para que la obra desmitifique algunas de las arcadias doradas del vegetarianismo: que si la miel, que si las algas marinas, que si las hierbas “medicinales”, que si las terapias “alternativas”, que si las recetas “anti-cáncer”…. Temas, todos ellos, que muchas veces son tratados dogmáticamente en otros libros similares por un mal entendido “buenrollismo” que lleva a apartarse de la evidencia científica y a transitar por la senda de las “animaladas”.

Este peligro no existe con Julio Basulto y Juanjo Cáceres que siempre te dicen lo que señala el conocimiento aceptado en cada caso concreto y no lo que querrían escuchar parte de sus lectores. Lo que dicen ambos autores es que el “homo sapiens” ha dado paso al “homo carnívoro”, un especímen capaz de meterse entre pecho y espalda 93 kilos de carne al año. ¡Qué lejos quedan aquellos días en los que la FAO consignaba que en el año 1961 los españoles consumíamos únicamente 21,8 kilos de carne por habitante y año, lo que nos obligaba a comer vegetales, frutas y legumbres como elemento vertebrador de nuestra alimentación!

Por este motivo, no causa extrañeza que cada vez más nutricionistas pongan el grito en el cielo al comprobar que engullimos más carne de la que jamás hubieran soñado comer los paleolíticos, quienes bastante hacían, los pobres, con apropiarse de la carroña que dejaban mamíferos más fieros, salvo, si se quiere, los valerosos cazadores cántabros de leones de las cavernas, que ya hace 16.000 años comían a dos carrillos filetes del gran carnívoro félido africano de pelaje amarillo rojizo, según un sorprendente estudio que acaba de publicar la revista científica “Plos One”.

Sin embargo, “Más vegetales, menos animales” no habla solamente de vegetarianismo, sino que es un recordatorio en toda regla –como sucede con cada libro que publica Julio Basulto– de las verdades del barquero. A saber: la salud no es, en general, cuestión de “mala suerte”, sino que guarda una estrecha relación con la lactancia materna o artificial, el sedentarismo, el tabaquismo, el alcohol, las relaciones dañinas y, ya por fin, con los alimentos superfluos y las carnes procesadas.

Desde un punto de vista nutricional, resulta especialmente interesante que ambos autores maticen los beneficios de los alimentos de origen vegetal procesados, con tal de evitar los equívocos que han llevado a muchos vegetarianos a caer en el sobrepeso. Igualmente resultan polémicos –¡para bien!– los comentarios sobre la dieta mediterránea. Respecto al aceite de coco, he aquí lo que comentan los autores en la página 206 del libro:

“Últimamente se ha puesto de moda atribuir al aceite de coco propiedades milagrosas. Por si llegan a tus oídos, debes saber, en primer lugar, que cuando algo relacionado con el mundo de la nutrición te suene asombroso, es que no es verdad. Si alguien te dijera que existe un elixir que hace que un árbol crezca en un mes lo que está previsto que crezca en diez años, o que permite que florezca sin que le toque la luz ni le nutra el agua, ¿le creerías? Pues lo mismo con las promesas dietéticas. Y, en segundo lugar, que es desaconsejable sustituir los aceites de oliva o girasol, que son los que solemos usar, por aceite de coco, porque ello podría incrementar nuestro riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Llegó a esta conclusión una interesante revisión científica publicada por la Fundación del Corazón de Nueva Zelanda en agosto de 2014”

Es decir, aunque ambos autores defienden una alimentación mucho más vegetal o completamente vegetariana, ello no les lleva a caer rendidos ante la “fitoterapia” y las bobadas que sobre el aceite de coco cuentan, sin ir más lejos, algunas revistas de “tendencias” de encefalograma nutricional plano, sino que mantienen su independencia (respaldados por las principales bases de datos biomédicas), llegando incluso a señalar (en este punto recomendamos a los lectores más sensibles taparse los ojos…) que no hay vegetales mejores que otros, sean o no ecológicos o transgénicos.

Con todo, el resumen podría ser que es mucho más saludable ser cuasi vegetariano o vegetariano del todo que convertirse en uno de esos carnívoros capaces de dar buena cuenta de cualquier cosa con patas que no sea una silla. Para ello, basta con disponer de la información necesaria (con este libro no hace falta más) y tomar la loable decisión cultural de cambiar de bando (pues nunca está de más recordar que no nacemos herbívoros como las vacas y los caballos…) por el bien del planeta en su conjunto y de los animales en particular.

Queda por decir que el libro es un monumento a la ética nutricional, esa que tanto escasea en otros volúmenes, algo que se agradece al comprobar como los autores, en lugar de transitar por la senda del sensacionalismo vegetariano, prefieren no ir un paso más allá de lo que señalan las ¡56 páginas! de bibliografía que cierran el libro. Gracias, pues, a Juanjo y a Julio por el libro, y nuestros mejores deseos a los lectores que decidan recorrer la “vía verde” que describen.

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