Alimentación “interruptus”: La dieta del ayuno intermitente

Actualizado: Vie, 02/12/2016 - 16:56

Pecar, hacer penitencia, seguir pecando. Es el descabellado esquema que propone, para perder peso, un señor llamado James Johnson (alias JJ). Aunque él, en la oración, sustituye “pecar” por “comer todo lo que se quiera” y “penitencia” por “ayuno”.

Quien crea que el mundo de la dietética no da para chistes es que no ha oído hablar de las “dietas milagro”. Son aquellas que contienen promesas que suenan demasiado bonitas como para ser ciertas. La más reciente (pero en ningún caso la última…) queda plasmada en la portada de su “libro de instrucciones”, donde puede verse media manzana y media hamburguesa, dando a entender que la mitad del tiempo comeremos lo que los dé la real gana, mientras que durante la otra mitad purgaremos los males a base de insípidas crudités.  El señor Johnson es su autor, pero podría decirse que es más bien su “perpetrador”. En su web el referido Johnson explica de modo grandilocuente, que la “epifanía” le sobrevino a raíz de un estudio publicado en una revista científica. Un estudio en ratones (sic). ¿Acaso no sabe este señor que los estudios en ratones no sirven como evidencias extrapolables a humanos? Así lo ha repetido centenares de veces durante estos últimos años la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas en inglés).

Lo cierto es que en las revistas científicas uno puede encontrarse, además del estudio que empuña Johnson, prácticamente cualquier cosa. Sirva de ejemplo una investigación publicada en Archives of Internal Medicine en octubre de 1999, que evaluó si rezar por el vecino podría servir para que este se curara. Y pareció funcionar…hasta que una rigurosa revisión Cochrane posterior (abril de 2009) concluyó algo así como “rece si quiere, pero dígale a su vecino que vaya al médico”.

También vale la pena recordar un interesante artículo titulado “Revistas científicas y fiabilidad” que publicó Tomàs Declós, defensor del lector de “El País”, el pasado domingo 3 de marzo de 2013. He aquí un pequeño extracto del mismo: “(…) Particularmente polémico fue el libro de Alan Sokal y Jean Bricmont, “Imposturas intelectuales” (1999), donde, para denunciar el (…) empleo confuso y pretencioso de términos científicos por parte de algunos intelectuales, relatan que lograron colocar un artículo-farsa en la revista “Social Text”. Un texto bajo el impactante título de “Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica” que desarrollaba un discurso absurdo camuflado en una jerga posmoderna”.

Volviendo al tema que nos ocupa, no basta con que un señor autodenominado “experto en nutrición” se aferre a un estudio en roedores para que la comunidad científica dé crédito a lo que él ha escrito en un libro lleno de entelequias sin fuste alguno. Para que no nos la den con queso debemos recordar que no conviene perder peso rápidamente (es lo que nos vende, cómo no, el señor Johnson), porque aumentamos nuestro riesgo de obesidad a largo plazo. Tal y como señala con acierto la doctora Clotilde Vázquez en enero de este año (Diario Médico), una dieta milagro es el “atajo hacia la obesidad”.

Lo peor de la asunto es que adelgazar (siempre a corto plazo) haciendo malabares con la dieta no educa para mantener el peso comiendo alimentos. La «Guía práctica de identificación, evaluación y tratamiento del sobrepeso y de la obesidad en adultos», un documento firmado por cuatro entidades de referencia en salud y control de peso, deja bien claro que perder peso a base de dietas milagro no sólo es inefectivo (porque se recupera en breve) y peligroso, sino que: «No permite la adquisición gradual de los cambios en el comportamiento alimentario».

En realidad hay algo peor: el señor Johnson aprovecha para vendernos un suplemento de resveratrol al que sólo podemos poner tres adjetivos: caro, inútil, y peligroso. Informe de la EFSA.

¿Qué se puede aprovechar de esta dieta?
Si ya se ha comprado el libro, no queda otro remedio que aprovecharlo. Para ello, nada mejor que revisar si la tabla de planchar cojea, para poner el libro debajo (con la portada hacia el suelo), o si la televisión debería elevarse unos centímetros. En este último caso, si el grosor del libro de Johnson no es suficiente, es momento de aprovechar el libro de Dukan que nos regaló esa simpática compañera de trabajo. Es importante, en cualquier caso, mantenerlo lejos de la vista y del alcance de los niños.

 

P.D.1 (7 de mayo de 2014): Después de la publicación de nuestro artículo (marzo de 2013), el American Institute for Cancer Research emitió una valoración sobre "The Intermittent Fasting Diet" (junio de 2013), que clasificó como "dieta de moda". Su opinión fue la siguiente: "Aunque algunas investigaciones preliminares han mostrado posibles beneficios para la salud y para la pérdida de peso con el ayuno intermitente, no existen evidencias sobre las consecuencias para la salud a largo plazo. Además, comer demasiados alimentos tales como fritos o dulces es insaludable. Esta dieta puede ser difícil seguir a largo plazo y una vez que se deje, el peso probablemente volverá".

P.D.2 (2 de diciembre de 2016): Creemos necesario añadir, al hacer referencia al ayuno intermitente, la conclusión de una revisión sistemática de la literatura científica purlibada por Horne, Muhlestein y Anderson en agosto de 2015 en la revista American Journal of Clinical Nutrition. La conclusión de esta investigación ha sido que hay escasos estudios con un diseño robusto en la literatura científica sobre esta práctica y que aunque hay algún resultado positivo, hace falta un volumen sustancial de investigaciones en humanos antes de que pueda recomendarse (www.pubmed.gov/26135345).

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