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Dieta MILF, una nueva deshonra en la historia de la dietética.

Actualizado: Sáb, 31/08/2013 - 13:15

El acrónimo MILF, del inglés “Mom I'd Like to Fuck”, se traduce al español como “madre que me follaría”
Más peligrosa, si cabe, es la alegre promoción que efectúa la autora del consumo de algas.
Toda propuesta que mezcle con pasmosa alegría algunas verdades (“tome productos integrales”) con cien por cien mentiras (“alimentos que mejoran la sexualidad”) no merece gastar tinta inútilmente

El nombre de una dieta de moda suele ser ya suficiente argumento para darle la espalda lo antes posible. En el caso que nos ocupa, el nombre (MILF) da como para echar a correr sin volver la vista atrás…

La dieta MILF” (entre dos ineludibles comillas) toma su desafortunada denominación del acrónimo MILF, del inglés “Mom I'd Like to Fuck”, que se traduce al español como “madre que me follaría”. Así que la traducción libre de esta “dieta”, que deseamos que nunca aterrice por estos lares, sería “La dieta MQMF”, título impronunciable donde los haya. Pero en fin, cosas más raras se han visto en el corrompido campo de las dietas milagro.

Las siglas MILF parecen tener su origen en la gamberra película “American Pie” (1999) en la que aparece la frase "Dude, that chick's a MILF!" ("¡Amigo, esa chica es una MQMF!"). Esto es, una mujer madura, sexualmente deseable, posiblemente casada y con varios hijos. Pero hoy el acrónimo se asocia sin lugar a dudas al mundo del porno, que contiene un nutrido subgénero dedicado a las llamadas “MILF”.

¿Acaso la autora del libro es una actriz porno? No nos importaría, si fuera experta en nutrición (¿quién si no se atrevería a crear una nueva dieta a adoptar por millones de mujeres?). Pese a que la cabeza pensante de esta propuesta afirma de su “criatura” que “trae su riqueza de conocimiento a la dieta MILF en la forma de filosofía holística” (sic), su currículum dietético-nutricional se puede pesar en miligramos. Sobre el otro currículum (el del porno) no tenemos información fidedigna. Pues bien, su única especialidad (por llamarlo de alguna manera) es que se declara “hipnoterapeuta, especializada en el parto y trauma emocional”. Así que de momento encontramos dos buenos motivos para no gastarnos 16 euros en el susodicho libro: 1/ su título y 2/ la nula credibilidad dietética, sanitaria y mucho menos científica de la autora. ¿Más motivos? Desde luego…

Una razón “de peso” para acelerar en dirección contraria a cualquier anaquel en que se ubique el libro es que contiene falsas e irrealizables promesas (habituales, por otra parte, en cualquier dieta milagro que se precie). “Los kilos de más, simplemente desaparecen”, “¡Bye-bye, chándal! ¡Hola, ropa de tenis!” (es decir, pantalones cortísimos y camisetas ajustadas). También asegura la autora que conseguiremos la “happiness" (felicidad) y estar “llenos de energía y a la vez relajados y lúcidos”. Nuestra piel estará tersa cual terciopelo y nuestro cabello lucirá “fuerte y brillante”, incluso sin ayuda de salvajes limones del Caribe…

Las promesas alcanzan cotas históricas cuando Jessica Porter, que así se llama la madre de “MILF”, asegura que su dieta lucha contra la osteoporosis, el cáncer, la diabetes y las enfermedades del corazón. Literalmente, afirma que nos hará conseguir una “salud óptima”, ahí es nada. Nota a pie de página: no hay dieta en el mundo mundial capaz de semejantes proezas. 

Más peligrosa, si cabe, es la alegre promoción que efectúa la autora del consumo de algas. Veamos. Una ración habitual (8 gramos) de la mayoría de algas comestibles disponibles en el mercado cubre entre el 670% y la friolera del 24.250% de las recomendaciones de ingesta de yodo. ¿Esto es peligroso? Sí, lo es: todo alimento cuyo consumo aporte del 310 al 600% de las recomendaciones de yodo (o por encima de ese porcentaje), representa un riesgo para la salud. Las algas más peligrosas son la “Kombu” y la “Hierba de mar”, ya que un solo gramo de ellas multiplica por 5 y por 8, respectivamente, el límite superior de ingesta (a partir del cual comienzan a manifestarse determinados riesgos para la salud asociados a un alto consumo del nutriente en cuestión). ¿Cómo se le ha podido pasar por alto ese “detalle” a la autora? Muy sencillo: cuando alguien escribe un libro de nutrición, y resulta que sabe del tema lo mismo que Chiquito de la Calzada de física cuántica, pues ocurren cosas así.

Todavía no hemos hablado de en qué consiste la dieta porque… no hay mucho qué decir…. Toda propuesta que mezcle con pasmosa alegría algunas verdades (“tome productos integrales”) con cien por cien mentiras (“alimentos que mejoran la sexualidad”) no merece gastar tinta inútilmente. Lo lamentable del asunto es que la dieta MILF ha llevado a periódicos importantes como "The Time" o "The Guardian" a hacer perder el tiempo a sus periodistas al pedirles escribir sobre esta propuesta.

En fin, si usted quiere ser una actriz porno del género MILF, está en su pleno derecho, pero si lo que pretende es adelgazar y, no digamos ya estar más sano, le desaconsejamos encarecidamente que siga esta dieta.

Algo bueno del libro
El libro tiene 75 fotos preciosas con recetas “tutti colori”. Si le deja el libro a sus hijos pequeños, les da unas tijeras y les dice algo así como “cariñitos, mirad qué os han traído mamá y papá para que hagáis un collage”, es muy probable que ganen unos preciosos minutos para para saltar a la comba, montar en la bicicleta estática o hacer yoga, lo que, llegado el caso, serviría para amortizar mínimamente la inversión.

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