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La infraestructura de la charlatanería nutricional (primera parte)

Actualizado: Sáb, 31/08/2013 - 13:26

Hasta un 40% de la población estaría dispuesta a creer en un remedio para combatir el cáncer que hubiese sido declarado inútil por los expertos
Si Obélix desea adelgazar, no ha de acudir al druida, sino dejar de comer jabalíes desaforadamente
Los falsos gurús de la nutrición suelen erigirse en ´dioses´ con un ´libro sagrado´, rituales que hay que obedecer sin rechistar y ´feligreses´ dispuestos a convertir al resto de la humanidad a la nueva ´religión´. En definitiva, algo no muy distinto a las sectas
Pese a la creciente proliferación de teorías disparatadas, la gente tiene un conocimiento muy mediocre de la nutrición. Tanto es así, que según una encuesta encargada por el Foro Internacional de la Alimentación, sólo un 17% sabe que el pan suministra hidratos de carbono

Cada vez hay más interés por la nutrición. Pese a tratarse de algo deseable, esta nueva afición se acompaña a veces de expectativas exageradas y nada realistas sobre los beneficios de una buena alimentación, en gran parte porque los conocimientos dietético-nutricionales de la población son muy superficiales. Dos ejemplos: según constata Heike Freire en “Educar en verde”, los niños saben muchos más nombres de marcas que de plantas. De otro lado, según una encuesta encargada por el Foro Internacional de la Alimentación, únicamente un 17% de la población sabe que el pan suministra hidratos de carbono… 

Con este caldo de cultivo, si alguien cree que existen soluciones fáciles y que requieren poco esfuerzo para solucionar sus problemas de salud, se vuelve más vulnerable a la desinformación nutricional. Esto explica que proliferen como champiñones todo tipo de “charlatanes nutricionales” que sacan tajada del desconocimiento ajeno. El refrán “a río revuelto, ganancia de pescadores” hace referencia a esta circunstancia. Pero, claro, eso a la gente le importa un pimiento, si el “gran maestro” promete con sus “hechizos” curar el cáncer, el sida u otra enfermedad grave. El gran nutricionista Arnold E. Bender se apercibió de ello al reparar en un estudio que llamó poderosamente su atención: el 40% de la población estaría dispuesta a creer en un remedio para combatir el cáncer que hubiese sido declarado inútil por la comunidad científica. A continuación, rescatamos una breve intervención de Bender (relacionada, en esta ocasión, con la obesidad) entresacada de la visita que cursó a El Escorial en 1988 y que el diario “El País” (16 de julio de 1988) tituló muy acertadamente “Obélix y el druida”:

“Puede usted añadir al agua de su baño una suspensión de algas que arrastrarán toda la grasa que usted quiera (¿cómo saben las algas qué cantidad tienen que llevarse?); o puede tomar aminoácidos para intentar bloquear las enzimas que absorben los alimentos (sin éxito, desafortundamente). Que alguien sea capaz de creer en tonterías supinas es difícil de comprender si no se observa que las personas obesas harán lo que sea, pagarán cualquier cosa y sufrirán lo indecible para perder peso; todo menos seguir los métodos convencionales, que son muy largos y penosos. Si Obélix desea adelgazar no ha de acudir al druida, sino dejar de comer jabalíes desaforadamente”

Normalmente, estos “falsos gurús” (entre otras acepciones, un gurú es alguien al que se le reconoce una verdadera autoridad intelectual, según la RAE) terminan por escribir un libro, que siempre acaba siendo criticado por la comunidad científica, debido a que pone en peligro la salud pública. Un análisis exhaustivo de una de estas obras reveló que el 70% de sus afirmaciones no tenían sostén científico.

Dogma central de las promesas de los falsos gurús
Pese a que las ideas que defienden los charlatanes dietético-nutricionales oscilan entre consejos razonables (tome más frutas y hortalizas) y propuestas peregrinas (“la dieta de la cerveza”), suelen tener algo en común: insisten en que si se desea algo con fuerza, el cuerpo y la mente se unirán para sanar cualquier patología y “restaurar la capacidad natural autocurativa del cuerpo”. No cabe duda de que si deseamos algo con vehemencia es más factible que emprendamos medidas encaminadas a su consecución, pero eso no significa que si una persona se concentra en pensar en pleno mes de agosto que hace mucho frío su cuerpo deje de sudar...

Por este motivo, estos razonamientos, cuando se llevan al extremo, son peligrosos, ya que estos presuntos gurús suelen acusar (de forma tácita o explícita) a las personas enfermas de sus dolencias, sea por no tener pensamientos “limpios” o sea por no depositar la suficiente fe en sus planteamientos de estilo de vida (y eso incluye la dieta). Es decir, generan pensamientos mágicos, además de sentimientos de culpabilidad. La vinculación entre la salud y la actitud emocional existe, pero no cura enfermedades graves: no es una panacea.

Características de los seguidores del chamán o falso gurú
Los seguidores de los falsos gurús de la alimentación se refieren a ellos como sabios de cuya boca solo emana ciencia. El  retrato robot del “admirador” suele ser el de alguien que, cuando se sentía mal por algún trastorno o enfermedad relacionada con la alimentación, supo del “redentor” en cuestión, quien apareció de forma providencial en su vida con irresistibles promesas de “rescate”. El precio a pagar es algún sacrificio (seguir sus descabelladas normas, como beber agua de mar o desembolsar elevadas sumas de dinero por productos de un valor irrisorio: salvado de avena, sirope de savia de arce, cápuslas con el principio activo de la alcachofa etc.), además de una lealtad incondicional, que podría calificarse de “veneración”. Es más, si alguien no está de acuerdo con el “líder”, su respuesta suele ser (casi siempre en mayúsculas) irracional, contundente e incluso injuriosa.

Así, tenemos los siguientes ingredientes para el “guiso”: una especie de Dios (“gran maestro”, “sanador” “terapeuta de curación holística”), que ostenta una autoridad moral absoluta; un libro “sagrado”; rituales que hay que obedecer sin cuestionar; y unos seguidores-feligreses dispuestos a convertir a toda costa al resto de la humanidad a esta nueva “religión”. En resumen, algo no muy distinto a lo que sucede en algunas sectas.

No te fíes de “cualquiera”
En vista de ello, hoy día conviene prestar más atención que nunca (y leer con el debido escepticismo…) cualquier recomendación dietético-nutricional, salvo si emana de entidades de reconocido prestigio. Muchos consumidores no son conscientes de que existe una gran proliferación de dietas milagro y de informaciones erróneas sobre la alimentación (ver, por ejemplo “Jamón en el embarazo: el mito de un (hipotético) mito”), ni de que la palabra “nutrición” es una excusa habitual para el mercadeo de pseudociencia médica dudosa o perjudicial. Tal y como explica en su blog “¡A tu Salud!” el doctor Joan Quiles (@JoanQuiles), verdadero experto en salud pública, “es importante proteger a la población más susceptible de caer en estos engaños y aprovechamientos”. Otro imprescindible experto, Juan Revenga (@juan_revenga), opinó en una entrevista que concedió a “Comer o no comer” recientemente que “la ciencia de la nutrición avanza, cada vez sabemos más cosas, cada vez están más claras, al menos en sus trazos más gruesos y, pesar de ello, la población en general cada vez parece tener las cosas menos claras”.

Mientras que la información nutricional de las entidades de referencia proviene de rigurosos estudios realizados en humanos, la desinformación nutricional parte de una visión errónea, incompleta, sesgada o engañosa de la ciencia que (normalmente) busca un interés particular. Su diseminación casi siempre oculta beneficios para el falso gurú, ya sea en forma de ganancias económicas o en réditos para incrementar su popularidad.

En un próximo post profundizaremos en las características de los falsos gurús. Hasta entonces, gracias por confiar en www.comeronocomer.es

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