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No beba Coca-Cola

Actualizado: Dom, 25/01/2015 - 09:09

@JulioBasulto_DN

Si le pagaran por traducir un texto, siempre intentando reconstruir lo más fielmente posible su sentido original, ¿cómo redactaría usted en castellano la frase “avoid sugar-sweetened beverages”? No soy un experto en filología inglesa, pero juraría que se traduce así: “evite las bebidas azucaradas”. ¿Es la Coca-Cola una bebida azucarada? Aquí no necesito una segunda opinión: como dietista-nutricionista les aseguro que sí lo es.

Pero pongamos la frase en su justo contexto, para entender la magnitud del asunto. Aparece en el “Report of the Dietary Guidelines Advisory Committee on the Dietary Guidelines for Americans 2010”, es decir, en el informe que sustenta las últimas guías dietéticas para los americanos, elaborado por un comité asesor, formado por un elenco de autoridades en la materia. Es un documento de 445 páginas que solo leen excéntricos como el que redacta estas líneas.

Pues bien, en la página 51 de dicho informe, encontramos la “Parte B. Sección 3”, titulada “Traduciendo e integrando las evidencias: Una llamada a la acción”, que a su vez contiene un apartado titulado “Cuatro principales hallazgos integrados, para ser utilizados en el desarrollo de las guías alimentarias para los americanos 2010”. Ya estamos cerca de la frase, paciencia. El primero de dichos “hallazgos” es que para reducir la incidencia y la prevalencia de sobrepeso y obesidad (que no es moco de pavo, según la OMS), los americanos deberían, entre otras cosas, “avoid sugar-sweetened beverages”. Ahí tenemos la frasecita, la misma que viste y calza.

No fui el único en darse cuenta del calado que tiene incluir dicha frase en un documento de semejante calibre: las doctoras Rachel Johnson y Bethany A. Yon (Universidad de Vermont) opinaron en septiembre de 2010 (J Am Diet Assoc) lo siguiente: 

“El uso de la palabra 'evitar' es la recomendación más rotunda recogida, hasta la fecha, en un documento político de esta naturaleza, lo que indica la fuerza de la asociación que existe entre las bebidas azucaradas y la obesidad”.

Johnson e Yon hicieron bien en matizar lo de “en un documento político de esta naturaleza” porque lo cierto es que años atrás ya habíamos oído “no beba Coca-Cola” (bueno “avoid sugar-sweetened beverages”) en boca de un par de entidades la mar de prestigiosas. En 2007, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer publicaron una obra de arte, con 537 páginas (solo 100 paginitas más que la guía antes citada), denominada “Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: a Global Perspective” (Alimentos, Nutrición, Actividad Física, y la Prevención del Cáncer: una Perspectiva Global).

En este caso no hace falta hojear muchas páginas: en la 18 ya leemos “Avoid sugary drinks”, que viene a ser lo mismo, digo yo, que “avoid sugar-sweetened beverages”. Aparece un superíndice, que nos conduce a una breve explicación “Esto se refiere principalmente a bebidas con azúcares añadidos. Deberían limitarse también los zumos de fruta”. Luego hablo de los zumos, pero antes sigamos en la misma página, porque un pelín más abajo, aparece esta justificación: “las bebidas azucaradas aportan energía pero no parece que induzcan la saciedad o una reducción compensatoria en la ingesta energética y por tanto promueven el sobreconsumo de energía y el aumento de peso corporal”.

Vayamos ahora a la página 379, donde se amplía este asunto de “avoid sugary drinks”: 

“Esta recomendación está especialmente dirigida a los refrescos [denominación que no me gusta, como justifiqué aquí] (esto incluye a las bebidas de cola, sodas y néctares) que tienen azúcares añadidos. El consumo de estas bebidas, incluso en tamaños gigantes), está aumentado considerablemente en muchos países. La evidencia de que tales bebidas ‘engaña’ el mecanismo de la saciedad de los seres humanos, promoviendo así el aumento de peso, es impresionante”.

Vaya con la palabrita ¿eh? “Impresionante”. Ahí queda eso. Pero sigamos leyendo:

“Es mejor no beberlas. La implicación de esta recomendación es que se debe preferir el agua. Las bebidas carbonatadas bajas en energía, el café o el té (sin azúcares añadidos), también son preferibles”

Y ahora es cuando viene, a renglón seguido, el tema de los zumos. Allá va:

“Los zumos de fruta, incluso sin adición de azúcar, es probable que tengan el mismo efecto y que promuevan el aumento de peso, y por tanto no deben beberse en grandes cantidades”.

Algo que ya comenté en esta misma página web en su día, en el texto “Mejor una fruta entera que un zumo”.

Toda esta filípica que les he soltado es porque hace poco me acabé el profético último libro del pediatra Carlos González, “Creciendo juntos” (no se lo pierdan, es extraordinario). Tras leer la frase que les pego a continuación, que encontrarán en la página 112, me dije “Tengo que escribir un texto con el título ‘No beba Coca-Cola”. A ver si entienden por qué: 

 “Una de las órdenes más obedecidas de la historia es ‘Beba Boba-Loca’. Algunas personas obedecen cada día, y mucha gente obedece con cierta frecuencia. Es difícil encontrar una persona que no haya obedecido al menos una vez en su vida. ¿Cómo lo consiguen?

Básicamente con la repetición incansable de un mensaje simple y claro. ‘Beba Boba-Loca’. En la puerta del bar, en la valla publicitaria, en la tele, en la revista. A veces la orden desnuda, a veces envuelta con otras imágenes para llamar la atención y no aburrir”.

Comprendo bien que a muchos les parecerá exagerado el titular que encabeza esta noticia. “¡Cómo no vamos a beber Coca-Cola!”, “¡Qué tipo de mundo sería entonces este!”, es posible que exclamen. Sin embargo, he de decir que lo contrario a ser exagerado es ser “light”, es decir, mirar hacia otra parte cuando se nos informa que en los últimos años un porcentaje cada vez más elevado de adultos y niños cena, come y en ocasiones hasta desayuna, con bebidas azucaradas, o cuando se publica que en países como Estados Unidos y México el consumo de Coca-Cola ronda (y a veces supera…) los 200 litros por persona y año (cantidad a la que hay que sumar las bebidas energéticas y los zumos azucarados) y que semejante caudal amarronado no proporciona ni de lejos la “felicidad” o la “chispa de la vida”, como se encarga de “refrescar” la publicidad, sino que muy frecuentemente se asocia con una serie de enfermedades en las que las bebidas azucaradas tienen una responsabilidad clara, aunque sea más cómodo mirar hacia otro lado y sumergirse en el universo paralelo que proponen estas bebidas (todas).

Es por este motivo, querida lectora o querido lector, que en vista de la repercusión que tienen las bebidas azucaradas en peligros para la salud como la caries, la obesidad, el cáncer, el síndrome metabólico o la diabetes, le animo a repetir conmigo: “No beba Coca-Cola”. Incluso iré todavía un poco más lejos: siempre que tenga la oportunidad, diga la frase en la puerta del bar, escríbala en una valla publicitaria, pronúnciela en la tele o inclúyala en una revista. La salud de las personas que ama se lo agradecerá. Y es que, como dijo el 13 de abril de 2013 Karuna Jaggar (directora ejecutiva de la organización "Breast Cancer Action"), "es hora de frenar a las empresas que se benefician del monopolio de nuestra salud".

 

P.D. (13 de junio de 2014): Este asunto, como "La historia interminable" (maravilloso libro de Michael Ende), no acaba nunca. Hoy mismo leo dos artículos que echan más leña al fuego. Uno sugiere que "sweetened beverage consumption is positively associated with the risk of stroke". O sea, el consumo de bebidas azucaradas endulzadas (gracias a @Twychy me he dado cuenta que el estudio incluyó a las versiones "light"), se relaciona con un mayor riesgo de padecer un accidente cerebrovascular) (J Nutr. 2014 Jun;144(6):856-60.). El diseño de la investigación, en todo caso, no permite extrapolar una relación causa-efecto.  El segundo estudio detecta algo un tanto sospechoso: los estudios financiados por la industria alimentaria suelen observar relaciones más "débiles" entre bebidas azucaradas y obesidad (Am J Clin Nutr. 2014 May;99(5):1096-104). Hablé sobre ello, en marzo de este año, en el texto "Bebidas azucaradas ¿engordan? Respuesta: ¿quién financia el estudio?".

 

Bibliografía 

  • Alice RD. 6,000 Cancer Deaths Linked to Sugary Drinks. American Institute for Cancer Research Blog. 21 de marzo de 2013. En línea: http://blog.aicr.org/2013/03/21/six-thousand-cancer-deaths-linked-to-sugary-soda/ 
  • Basulto J. Bebidas azucaradas ¿engordan? Respuesta: ¿quién financia el estudio? Blog de Ser Consumidor. 13 de marzo de 2014. En línea: http://blogs.cadenaser.com/ser-consumidor/2014/03/13/bebidas-azucaradas-engordan-respuesta-quien-financia-el-estudio/
  • Bernabé E, Vehkalahti MM, Sheiham A, Aromaa A, Suominen AL. Sugar-sweetened beverages and dental caries in adults: A 4-year prospective study. J Dent. 2014 May 9. pii: S0300-5712(14)00119-5. doi: 10.1016/j.jdent.2014.04.011. [Epub ahead of print] 
  • Dietary Guidelines Advisory Committee. Report of the Dietary Guidelines Advisory Committee on the Dietary Guidelines for Americans, 2010, to the Secretary of Agriculture and the Secretary of Health and Human Services. U.S. Washington, DC: Department of Agriculture, Agricultural Research Service; 2010.
  • González C. Creciendo juntos. Madrid. Ediciones Planeta, 2013.
  • Jaggar K. The Breast Cancer Gene and Control of Women’s Bodies. MS. blog Magazine. 13 de abril de 2013. En línea: http://msmagazine.com/blog/2013/04/13/the-breast-cancer-gene-and-the-control-of-womens-bodies/
  • Johnson RK, Yon BA. Weighing in on added sugars and health. J Am Diet Assoc. 2010;110(9):1296-9.
  • Larsson SC, Akesson A, Wolk A. Sweetened beverage consumption is associated with increased risk of stroke in women and men. J Nutr. 2014;144(6):856-60.
  • Malik VS, Pan A, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and weight gain in children and adults: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2013;98(4):1084-102. 
  • Malik VS1, Popkin BM, Bray GA, Després JP, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and risk of metabolic syndrome and type 2 diabetes: a meta-analysis. Diabetes Care. 2010;33(11):2477-83.
  • Massougbodji J, Le Bodo Y, Fratu R, De Wals P. Reviews examining sugar-sweetened beverages and body weight: correlates of their quality and conclusions. Am J Clin Nutr. 2014;99(5):1096-104.
  • Organización Mundial de la Salud. Obesidad y sobrepeso. Nota descriptiva Nº 311. Mayo de 2012. En línea: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/
  • World Cancer Research Fund / American Institute for Cancer Research. Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: a Global Perspective. Washington DC: AICR; 2007.

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