Batidos verdes, o por qué el zumo color hierba no desintoxica los siete males

Actualizado: Lun, 17/02/2014 - 13:20

Las fantasías purificadoras de algunas célebres actrices y modelos han encontrado el recipiente perfecto en blogs de belleza y revistas de moda que han aceptado que pudieran estar ´intoxicadas´
¿Intoxicadas de qué? ¿De fantasías como que cuando se sobrepasa la cantidad de depuración, las toxinas empiezan a acumularse en el cuerpo a la espera de que llegue algún batido verde redentor a liberarlas? ¿Intoxicado el cerebro, pues?
Un pequeño apunte tranquilizador: cada vez que vamos al lavabo a orinar o excretar nos depuramos
Hay que hacer “limpieza” con las tonterías que cada dos por tres nos intentan colar las celebrities diets
Beber un batido casi siempre es una muy buena idea, pero no es cierto que quemen la grasa corporal o que curen algunas enfermedades
¿Un exorcismo “verde”, tal vez? ¡Pues celebrémoslo voviéndonos a atiborrar de “tóxicos” pues, al parecer, no hay nada tan al alcance de cualquier mortal, puro o impuro, que librarse de los espíritus malignos con las curas detox!

@AntonioOrtiApar, @JulioBasulto_DN

Hay una foto que comienza a repetirse: una famosa, por ejemplo, la actriz y modelo norteamericana Eva Longoria, caminando por la calle, muy ufana, asiendo con la mano un recipiente de color verde del que asoma una pajita. Aunque los traseúentes no lo saben, ella (la famosa) se está “desintoxicando”. “¿Dexintoxicando de qué?”, sería la pregunta, pero nos la saltamos de cara a revelar el contenido del vaso de plástico sin pérdida de tiempo: un cogollo de lechuga, unas espinacas crudas, agua, una manzana, una pera, un plátano, tres o cuatro tallos de apio y el zumo de medio limón.

Señoras, señores, niñas, niños: están ustedes ante el batido secreto de las famosas, también llamado “smothie” o “Batido Verde Brillante” (¿brillante?...brillantes son los desayunos con diamantes y, en todo caso, Audrey Hepburn y George Peppard). Sin embargo, famosillas como Anne Hathaway, Meg Ryan, Vanessa Hudgens y la almibaradísima Gwyneth Paltrow (que no se suele perder una…) parecen haberse creído que es un batido “quemagrasas” (¿a qué mente cinematográfica se le debió ocurrir que un batido de lechuga puede tener la misma contudencia a la hora de quemar la grasa corporal que un soplete oxiacetilénico?)

A partir de aquí, Salma Hayek, parece ser, ha fundado la empresa de zumos “Cooler Cleanse”. También Rosie Huntington-Whiteley, modelo de 25 años de Victoria´s Secrets, ha subido a Instagram un par de fotos tituladas: “Rise and shine smoothie time” (“Levántate y brilla con los batidos”), un mensaje bíblico que todavía no hemos sabido descifrar.

Pero más descacharrante que las fantasías purificadoras de estas célebres mujeres, ha sido la entusiasta respuesta con que muchos blogs de belleza (de cuyo nombre preferimos no acordarnos…), así como revistas de gran lustre han aceptado que estas actrices y modelos, en primer lugar, estuvieran intoxicadas (¿intoxicadas de qué? ¿de fantasías como que cuando se sobrepasa la cantidad de depuración (sic), las toxinas empiezan a acumularse en el cuerpo a la espera de que llegue algún batido verde redentor a liberarlas? ¿intoxicado el cerebro, pues?) y, justo a continuación, que con el vaso verde con pajita se iban a “desintoxicar”. Un pequeño apunte tranquilizador: cada vez que vamos al lavabo a orinar o evacuar nos depuramos.

Más allá de que esta es una guerra perdida, pues somos pocos contra demasiados, lo que más lamentamos es que se lance el mensaje de que los “green smoothies” o “batidos verdes” cambiarán tu vida “¡¡literalmente!!” (escrito entre exclamaciones). En todo caso, lo que puede llegar a cambiar una vida, desde el punto de vista nutricional, no es desayunar un batido verde, sino seguir una dieta saludable (¡sin apellido!) y tener claro que hay que hacer “limpieza” con las tonterías que cada dos por tres nos intentan colar las “celebrities diets”. 

Porque, han de saber, no solo hay batidos “detox”, sino también clínicas de desintoxicación, purgantes digestivos, remedios desintoxicantes homeopáticos, dietas de ayuno para desintoxicarse, “terapias de quelación” y una toda serie de chanchullos sin ningún fundamento científico. En realidad, y por ser positivos, tomarse un batido (verde, anaranjado, amarillo o rojo en función de las frutas y de las verduras escogidas) es muy buena opción. Y es que, aunque todavía no se ha dicho, la comida crudívora (o “raw food”) se ha puesto de moda en algunos países, después de estarlo en San Francisco y California. En “Comer o no comer” no tenemos nada que objetar: nos encantan las ensaladas y las verduras y vegetales crudos. La pregunta es: ¿las ensaladas desintoxican? La respuesta es que no, que las ensaladas no dexintoxican, sino que, en todo caso, pueden ser una mejor opción que abusar de alimentos o hábitos poco saludables. Aunque, incluso así, le vemos algún pero, como detallamos más adelante.

Por positivizar el tema, tomarse un batido vegetal es delicioso. A partir de ahí, ya entra el gusto personal: los hay de kiwi, fresa, plátano, naranja, manzana con apio y dátiles, con más fibra (por ejemplo, bien surtidos de apio), con menos, con semillas de linaza, con alfalfa, con zanahoria, berros, aguacate, higos maduros, moras, con hielo, sin hielo, con unas hojitas de menta para el toque final, con arándanos azules, etc. Algunos de estos batidos surgieron entre 1960 y 1970 con el movimiento hippie y resurgieron con fuerza en 1990 en restaurantes norteamericanos como “Organic”, así como en lugares como el Culinary Arts Intitute (la CIA, por sus siglas en inglés), con el espíritu made in California: respetar a la naturaleza, a los animales y a las propias personas, con independencia de su lugar de nacimiento. A través de ellos, muchas mujeres y hombres comprometidos con el medio ambiente, expresaban su amor por la tierra y los seres vivos, simbolizados en los vegetales, además de desmarcarse de la guerra de Vietnam y, en general, de cualquier forma de violencia.

Ahora, en cambio, donde antes había un movimiento contestario honesto y de alabar, nos encontramos con actrices y modelos más preocupadas por sí mismas y por la posibilidad de que su cuerpo se esté “degradando”, que por la suerte que corren sus semejantes. 

Desde un punto de vista estrictamente nutricional, conviene insistir, un batido es una opción sanísima que permite hacer volar la imaginación hasta dar con el sabor que más se acerca al gusto de cada cual, así que el único propósito de este artículo es borrar la fantasía pija (dícese de los modales, gustos y maneras de hablar propios de una clase social acomodada) que “contamina” algunos ambientes y, en particular, la creencia de que con un batido de zanahoria, berros, hinojos, puntas de nabos (¿por qué las puntas?), espinacas, ortigas y tomate, por ejemplo, se cura la anemia. No, oiga, disculpe, su batido está buenísimo (sinceramente…) pero no pretenda curar con él ni la anemia, ni la artritis, ni la dermatitis, ni el exceso de peso, ni los calculos biliares, porque si fuera tan fácil no existirían estas enfermedades y en las farmacias, en lugar de haber estantes con medicinas, simplemente existiría una licuadora o batidora. 

Así pues, distingamos: beber un batido casi siempre es una muy buena idea, pero no es cierto que “desintoxiquen”, “purifiquen” y “depuren”. 

Viene esto a cuento a que es la tercera vez que nos preguntan por los batidos verdes (también conocidos como “jugos verdes” o “zumos verdes”), así que hemos entrado en Google a ver qué se cuece…y nos hemos quedado fríos como bloque de espinacas congeladas. Charlatanes como la copa de un pino (autodenominados algo así como “experto en el ayuno espiritual desintoxicante del zumo verde”) que promueven curas alternativas para enfermedades serias, y azafatas de congreso empuñando un vaso verde cual musgo navideño para darnos a entender que tanto su esbeltez como su férrea salud radica en la sacrosanta clorofila. Por cierto, a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) no le parece que sea verdad (ni tampoco legal) afirmar que la clorofila de los “sanísimos” germinados (por poner un ejemplo) sea un “antioxidante natural”. Un derivado de la clorofila, la clorofilina, tampoco recibe la bendición de la EFSA, que ni “detoxifica” ni protege de los radicales libres, como pueden comprobar aquí.

Recuperados del espanto que nos ha supuesto pasear por Google y sus peligros, hemos accedido a PubMed, la base de datos de estudios científicos de referencia, a ver si alguno de esos guerreros verdeantes se había tomado la molestia de someter sus descabelladas hipótesis al método científico…y nada. No hemos encontrado ni una triste investigación en humanos mínimamente creíble.

Dejando de lado que el efecto de la fibra dietética no es el mismo en alimentos masticados que en zumos (aunque sea de verduras), lo cierto es que no le veríamos ningún problema a tomarse de vez en cuando un zumo tan verde como el increíble Hulk si no fuera por las falsas e insultantes promesas que acompañan ciertas voces (no autorizadas) a esta práctica. Desde combatir el mal aliento, adelgazar y fortalecer el sistema inmunológico, hasta supuestas mejoras de la digestión, sin olvidar, cómo no, su capacidad de “luchar contra el cáncer”. Para morirse.

¿Sabe usted que si toma a diario, en plan “ayuno espiritual”, dichos zumos, podría sufrir efectos adversos? Por ejemplo, se conoce que altas dosis de tales zumos puede interaccionar con los fármacos que esté tomando (ojo: muchísimos adultos españoles toman fármacos a diario), según muestran estudios como el de Christina S. Won y colaboradores (Pharmacol Ther. 2012;136(2):186-201) o el de Rabia Bushra y colaboradores (Oman Med J. 2011;26(2):77-83). Los ayunos, además, aumentan el riesgo de padecer piedras (cálculos) en la vesícula biliar, como puede constatar aquí. También pueden deshidratarnos, debilitar el sistema digestivo, generar cefaleas, bajar la tensión arterial y un largo etcétera. Qué bien.

Estos batidos, tan verdes como un militar en plena instrucción,  empuñan un arma secreta: enzimas (¿prodigiosas?). Son alimentos “vivos” en contraposición a los muertos. Estos vitalísimos zumos, plenos de energía pura, no “matan” a la comida ni le quitan su quintaesencia. Todo el mundo sabe, dicen los mercaderes verde rana, que la cocción destruye las enzimas de los alimentos vivos. Se les olvida mencionar que la ácidez del estómago y las enzimas digestivas del intestino delgado proximal reducen las enzimas a los aminoácidos que las componen. Así, las archiconocidas enzimas de la papaya y de la piña, ni mejoran la digestión de los macronutrientes, ni apoyan el trabajo del páncreas. Las del polen, a todo esto, no protegen de la oxidación. De hecho, ni siquiera un concentrado de auténticas enzimas pancreáticas (lipasas, proteasas o amilasas) recibe bendición alguna por parte de la EFSA. Es decir, no es cierto pero tampoco legal atribuir a las enzimas “vivas” semejantes propiedades. La única enzima que pasa el corte de la EFSA es la que aparece en ciertos suplementos de lactasa (compruébelo aquí).

Pero lo peor, como decimos, es dar crédito a las hipotéticas propiedades curativas y “desintoxicantes” de tales zumos. Puede saber qué opinamos sobre el asunto de la depuración y desintoxicación aquí, pero les resumimos nuestro dictamen: estas propuestas pueden desequilibrar su dieta, pueden alejarle de un patrón de dieta saludable y pueden acercarle a terapias alternativas dudosas, que pondrán en riesgo su salud. En el libro “No más dieta” (2010 -reeditado en diciembre de 2013-), encontrará la siguiente conclusión, que suscribimos en 2014: “si este es el premio de la supuesta desintoxicación, prefiero no participar en el concurso”.

Mientras usted lee esto, querida lectora, querido lector, es más que posible que algunos individuos envíen mails u opinen en Internet sobre alguno de los firmantes de este escrito (sobre todo si regentan una herboristería que está haciendo su agosto –bueno, su febrero– vendiendo los jugos de marras). Lo más probable es que nos acusen de opacidad mental, de selección sesgada de los estudios, de que nos hemos vendido a la industria farmacéutica, de radicales, o vaya usted a saber. Pero póngase usted en el lugar de “Comer o no comer”… ¿Prefiere que hagamos como tantas webs y revistas de moda y que le digamos que con un batido verde se “desintoxicará”? ¿Un exorcismo “verde” tal vez?  ¡Pues celebrémoslo voviéndonos a atiborrar de “tóxicos” pues, al parecer, no hay nada tan al alcance de cualquier mortal, puro o impuro, que librarse de los espíritus malignos con las curas “detox”!

Aunque preferimos no entrar al trapo (como Mark Twain, opinamos que “La palabra precisa tal vez sea efectiva, pero ninguna palabra jamás ha sido tan efectiva como un silencio preciso”), en ocasiones nos entran ganas de hacerles a quienes nos acusan un zumito con el Reglamento (CE) No 1924/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo de 20 de diciembre de 2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. Reglamento que hace alusión a la ilegalidad de ciertas prácticas relacionadas con la salud pública.

En fin, mientras algunos siguen poniéndonos verdes (y nunca mejor dicho…) les dejamos con unos sabios consejos de la Universidad de Harvard, que aparecen en un texto titulado “La dudosa práctica del detox”: 

“El cuerpo humano puede defenderse muy bien de la mayoría de las agresiones ambientales y también de los efectos de la indulgencia ocasional [es decir, de no seguir una dieta sana]. Si usted está sano, concéntrese en dar a su cuerpo lo que necesita para mantener robusto su sistema de auto-limpieza: una dieta saludable, una ingesta adecuada de líquidos, el ejercicio regular, dormir lo suficiente, y los controles médicos recomendados. Si usted experimenta fatiga, palidez, un aumento o una pérdida de peso inexplicables, cambios en la función intestinal, o problemas respiratorios que persisten durante días o semanas, visite a su médico en lugar de dar crédito al ‘detox’”.

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