Publicado: Mié, 31/07/2013 - 12:23
Actualizado: Lun, 02/09/2013 - 12:26
La ha inventado un cirujano de Berverly Hills y consiste en una tirita de plástico duro que se cose a la parte superior de la lengua y que, por lo que cuentan quienes la han probado, produce un dolor tan intenso que obliga a dejar de comer alimentos sólidos. Sin embargo, se nos ocurre otro método todavía más expeditivo que el descrito para adelgazar: coserse la boca.
Aunque se trata de un tema serio, como demuestra el hecho que algunas mujeres y hombres hayan querido experimentar semejante majadería, no queremos dejar de ironizar sobre este fenómeno, al señalar que en Estados Unidos algunos internautas han recurrido a un latiguillo muy habitual por esos pagos: “a mí me funciona” (una irracional orientación clínica englobada en una escuela conocida como “amímefuncionismo”…).
No hace tanto la doctora Harriet A. Hall escribió un artículo en el siempre recomendable blog “Science-Based Medicine”, en el que vino a señalar, más o menos, lo siguiente:
- El “lo vi con mis propios ojos” no es suficiente, ya que los seres humanos somos muy sugestionables, sobre todo si estamos aquejados por una dolencia. Además, muchas enfermedades son cíclicas, por lo que tampoco es de descartar que la persona que deposita su fe en un antídoto raro (por ejemplo, en un remedio herbal que se fundamenta en extractos de “cabra en celo”…), podría haber recibido dos tratamientos estando enferma y que el tratamiento equivocado se llevara el crédito. Pero ya hablaremos de este asunto en otra ocasión, antes de que nos cierren la boca…
Sin embargo, no es de descartar que se trate de comentarios inventados o patrocinados por el tal Nikolas Chugay, que así se llama el lumbreras. Una táctica, por cierto, la de escribir comentarios elogiosos “inventados” o “interesados” sobre la eficacia de coserse la lengua, que también funciona en sentido inverso. Así, cada vez que se publica un artículo crítico con los intereses económicos y nutricionales de una dieta muy de moda, el escrito se llena misteriosamente de comentarios furibundos a pie de página. No obstante, en algunas ocasiones estos comentarios deben sus “derechos de autor” a los secuaces a los que el dietista milagro de turno “franquicia” su negocio en cada país, razón por la que pueden llegar a apelar a estudios científicos (sesgados en el mejor de los casos y falsos y malintencionados casi siempre…) para justificar sus tesis.
Volviendo al asunto que nos ocupa y según informó el periódico “El Correo” el pasado 26 de junio, Nikolas Chugay, el cirujano de marras, cobra 2.000 dólares por “zurcido” a sus deslenguados clientes.
Por su parte, Telecinco al dar a conocer la noticia todavía aportó algunos detalles más: según explica Chugay en su web (a la que no vamos a citar aquí, aunque solo sea para librar a nuestras lectoras y lectores del pañuelo rojo a juego con la corbata que lleva el señor de cara sonrosada) la tirita está fabricada del mismo material que se usa para reparar las hernias (lo que no es de por sí demasiado apetitoso…).
Esto nos recuerda a una de las geniales ocurrencias del pediatra Carlos González: “La capacidad de los médicos para decir tonterías es…como mínimo, tan grande como la del resto de la humanidad”. E ídem de ídem de los cirujanos, claro.
Más cosas: la tirita se cose a la parte superior de la lengua con seis puntos de sutura.
Y ya, por fin, la “traca” final: el “método” sirve para perder diez kilogramos en un mes, porque un paciente con el plástico cosido a la lengua solo puede ingerir unas 800 calorías diarias, aunque según reconoce Chagay, los interesados han de saber que durante ese tiempo sufrirán salivación excesiva y dificultades para deglutir y hablar, entre otros padecimientos.
Queda todo dicho, pues, sobre este método fraudulento (que no sirve para adelgazar ni en sueños…), ilegal (pues vulnera flagrantemente la legislación) y, sobre todo, muy peligroso (en tanto origina infecciones, problemas gastrointestinales, metabolopatías, daño renal, depresión, trastornos del comportamiento alimentario y una largo etcétera) que nos ha dejado boquiabiertos…
Si piensas que este tipo de locuras solo ocurren en Beverly Hills (California), aprovechamos la ocasión para recordarte que en octubre de 2012 el GREP-AEDN se vio obligado a emitir un documento de postura para intentar contrarrestar una moda adelgazante “a la española” no menos atroz, sórdida y supurante que la que nos ocupa: dejar de comer para pasar a alimentarse mediante una sonda (la llamada “Dieta Enteral por Sonda”, “Dieta de la Mochila”, Dieta del Tubo”, “Dieta Nasogástrica” o “Dieta de Comer por la Nariz”) como puedes comprobar pinchando aquí.
P.D. Después de acabar nuestro texto nos hemos dado cuenta de que Álex Pérez (@alexenactivo) y Juan Revenga (@juan_revenga) han escrito sobre este tema. Vale la pena leerlos, sin lugar a dudas:
http://elpiscolabis.com/2013/03/21/la-malla-supralingual-o-adelgazante/