Publicado: Mar, 25/11/2014 - 09:50
Actualizado: Vie, 12/12/2014 - 17:25
Las judías verdes entraron en Europa en sus formas más primitivas, procedentes de África o Asia, aunque su auge vino con la introducción de variedades mucho más productivas provenientes del Nuevo Mundo. En concreto, la judía verde más popular, la “perona”, debe su nombre a María Eva Duarte, más conocida como Evita Perón.
Veamos la historia. Tras finalizar la II Guerra Mundial, España solicitó ingresar en la ONU. Sin embargo, tras reunirse en asamblea general, este organismo recomendó excluir al gobierno del general Francisco Franco “como miembro de los organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas o que tengan nexos con ellas, y de la participación en conferencias u otras actividades que puedan ser emprendidas por las Naciones Unidas o por estos organismos, hasta que se instaure en España un gobierno nuevo y aceptable”, toda vez que conminó a los países miembros de la ONU a que “retiren inmediatamente a sus embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid”.
Según puede leerse en “Historias de la historia”, casi todos los países miembros de la ONU, a excepción de Portugal y Argentina, siguieron la recomendación. El aislamiento del exterior vino a coincidir con varios años de sequía que dejaron a España al borde la hambruna, lo que llevó a Estados Unidos e Inglaterra a plantearse ayudar de alguna forma a España, ante el peligro de que la falta de alimento derivase en otra Guerra Civil y favoreciera el triunfo de los comunistas. Como estos dos países anglosajones no podían permitirse el lujo de ayudar a cara descubierta a España, recurrieron a la Argentina de Perón.
Por aquella época, Argentina recibía el petróleo estadounidense y colocaba su trigo, su maíz y su carne congelada en Europa. He aquí lo que publicó “El Siglo” el 14 de enero de 2008 en relación con el referido episodio:
“Todo ello ligado a los excedentes de Argentina. Con una cláusula que permitía a España, si encontrara mejores precios en otros países, reajustar el acuerdo. La contrapartida española ofrecía a Argentina aceitunas, textiles, y la construcción de barcos en astilleros españoles. Y lo más singular de todo, la concesión de zonas francas en puertos nacionales para que el país austral pudiera dar salida a sus productos en los mercados europeos; concretamente se llegó a hablar en 1948 de la cesión por 50 años de un puerto franco en Cádiz. También se establecieron algunos compromisos para que Argentina pudiera acoger a una importante cifra anual de emigrantes españoles. Era un acuerdo entre un país entonces poderoso, y un régimen europeo aislado y en extremas dificultades, con un severo sistema de cartillas de racionamiento”.
A consecuencia de este acuerdo, según recordaba el 22 de noviembre de 2014 Elisabeth Fitó (cuyo tatarabuelo creó en 1880 “Semillas Fitó”) en “El Periódico”, comenzaron a llegar a España barcos cargados de judías verdes “de una variedad más corta y sabrosa que la que se consumía aquí”, que muy pronto recibió el apelativo de “perona” en honor a Evita Perón, quien en 1947 se subió en un avión “Dakota” rumbo a España, donde fue recibida como una auténtica estrella operística.
“En la Plaza Mayor de Madrid –puede leerse en “El mito del trigo de Evita”, que publicó “El Siglo”– se le ofreció el homenaje de todas las provincias españolas, con la exhibición y el regalo de una cincuentena de trajes hechos a su medida que representaban los típicos de la totalidad del país (vestidos que se conservaron en un museo en Argentina) y el arzobispo Eijo Garay impuso a Eva y a Carmen Polo, mujer de Franco, el escapulario de la Virgen del Carmen. Se cuenta que en El Pardo, Franco le mostró un gran tapiz que ella recibió sorprendida como regalo (la pieza fue devuelta tras la caída de Perón). En todas las ciudades Evita fue obsequiada con trajes, alhajas, asistió a muestras típicas, concentraciones, representaciones teatrales, recepciones siempre en olor de multitudes, como bien atestiguan las numerosas imágenes de la prensa y el No-Do de la época”.
A consecuencia de todo este fasto y de que trascendió entre el pueblo español que esta nueva variedad de judía verde plana provenía de Argentina, comenzó a llamársele por el sobrenombre de “perona” como tributo a Evita Perón, su principal valedora, nombre que se ha perpetuado hasta la actualidad, confirmando que es posible alcanzar la inmortalidad a través de las verduras.