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Una historia muy sabrosa: “joyerías” que venden fruta

Actualizado: Mar, 15/10/2013 - 11:09

En un momento en que muchos europeos y norteamericanos desprecian y critican la fruta en Japón se la venera
En Japón muchas frutas vienen acompañadas de una ficha técnica en la que consta la cara del agricultor y hasta una decena de fotografías con la evolución cronológica de la fruta, desde que apenas era un brote hasta su recolección

En un momento en el que por Estados Unidos y Europa circulan todo tipo de mitos disparatados sobre la fruta (que fermenta, que engorda, que sienta mal si se toma después de comer, que rompe el “equilibrio alcalino”, etc.) sorprende que en el otro extremo del mundo, en Japón, se considere a uvas, cerezas y melocotones un auténtico manjar de dioses.

Merecería un tesis doctoral averiguar por qué motivo desde hace unos años en los países anglosajones la fruta ha pasado a ser una “sospechosa habitual” (¡la fruta!). Algunos antropólogos especulan que este sentimiento de rechazo podría deberse a que la mayoría de los ciudadanos de EE.UU. y Gran Bretaña no están demasiado acostumbrados al sabor de naranjas, piñas, melones, papayas, etc., por preferir cosas mucho más dulces: puddings, flanes, fairy cakes (también conocidos por cupcakes, esto es, unas magdalenas adornadas con azúcar), sticky toffe (un bizcocho empapado en sirope), sponge cake (el equivalente a nuestro bizcocho), derivados lácteos, tartas, pasteles, etc. En ese sentido, el rechazo que sienten algunas personas hacia la fruta se expresa en ocasiones a través de mitos estrafalarios, lo que no deja de ser una excusa autocomplaciente (aunque de este asunto debería encargarse, en realidad, Sigmund Freud ….) para seguir consumiendo dulces.

En Japón, en cambio, ocurre lo contrario. En el país del sol naciente las frutas se cultivan con un cariño maternal y se venden en exclusivas boutiques como si se tratara de joyas. Y no solo eso, sino que, a diferencia de España, donde es habitual regalar un jamón o un lote de embutidos por Navidad, allí es costumbre agasajar con una cesta de fruta al visitar a alguien en el hospital, al acudir a una cena o al asistir a un cumpleaños, como informó la agencia EFE ahora hace un año.

Otra agencia, esta vez AFP, añade que los turistas despistados que entran en las fruterías de los grandes almacenes de Tokio tienen la sensación de creerse en una joyería: las manzanas están envueltas de muselina para evitar cualquier impacto que pudiera estropearlas y lo mismo ocurre con los melocotones y las peras, envueltos con sumo cuidado y colocados en pequeñas cajas de plástico trasparente. A su vez, los racimos de uva también se venden por unidades, como si fueran perlas de un collar, igual que las cerezas, comercializadas de diez en diez en cajas de plástico, con sus rabos alineados en el mismo sentido.

Según informaba este artículo, regalar fruta es una tradición y el precio y la calidad determinan el afecto o la estima que tiene el que regala hacia sus parientes, colegas de trabajo o “boss”. Así, “si las dos partes tienen el mismo estatus social, los regalos son equivalentes: una persona que regala por ejemplo una caja de cerezas de 4.000 yenes recibirá a cambio unos mangos de 5.000 yenes”.

En cuanto a los precios, según informaba el 2 de octubre el diario “Las Provincias” de Valencia, un melocotón “perfectamente redondo y con el tamaño de la cabeza de un recién nacido” cuesta 2. 625 yenes (20 euros), mientras que una sandía cuadrada sale por 38 euros. No obstante, la joya de la corona es una sandía con forma de corazón que cuesta 31.500 yenes (247 euros, casi como un iPad mini…).

Hasta tal extremo llega la cosa, que a veces las frutas se subastan. Por ejemplo, en mayo de 2012 dos melones de Yubari alcanzaron el precio de 12.500 euros. Asimismo, un racimo de uvas Ruby Roman, una variedad de la prefectura de Ishikawa, se vendió por 400.000 yenes, es decir, a una media de 11.000 yenes por uva…

Otro artículo del periódico “El Universal” señala:

“Amantes del detalle y la perfección, los japoneses encuentran en numerosos establecimientos información sobre la procedencia de los productos, una ficha técnica sobre este cultivo e incluso una foto con la cara del agricultor, orgulloso con el producto en las manos. En algunas tiendas van más allá y adjuntan hasta una decena de fotografías con la evolución cronológica detallada de las frutas, desde cuando apenas son un brote hasta su empaquetado definitivo, lo que demuestra el carácter artesanal que impregna cada producto”.

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